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Pensar a lo grande, pero sin olvidar lo pequeño

Tanto pensar en grande que nos olvidamos de pensar en pequeño

Los primeros momentos del confinamiento nos llevaron a una buena parte de la sociedad a hacer un parón físico obligatorio. Parón que nos hizo tomar conciencia de una realidad que es sistémica pero que con el ritmo y la velocidad habitual, olvidamos.  

En esas primeras semanas también se generó un movimiento solidario por barrios y pueblos muy emocionante. De ahí, a los buenos propósitos pasamos en cuestión de horas.

Eran habituales los comentarios sobre la necesidad de cambiar una sociedad demasiado economicista, desproporcionadamente agitada, de un creciente individualismo…¿Cómo recoger esa inteligencia colectiva para que cuando saliésemos de esta coyuntura, esta no se diluyese en el ambiente?.

En Dynamis decidimos hacer una Alianza dentro de nuestra comunidad para recoger estas ideas con el compromiso de tenerlas presentes en el “post confinamiento”. La Alianza es un conjunto de compromisos no demasiado extensa, que se concreta en acciones individuales y colectivas aplicables en nuestra actividad cotidiana.

Para su construcción hicimos una tormenta de ideas colectiva a través de documentos compartidos e identificamos unos ámbitos: búsqueda de información rigurosa,  valoración y participación en las labores de cuidados; huella de las acciones en las tres áreas (planeta, los demás, uno mismo); gestión/uso del tiempo: dedicarlo a las personas, ayuda al pequeño comercio; fortalecimiento de los vínculos interpersonales; nuestros mayores; las personas: compañeros de trabajo, amigos, familiares y/o vecinos; educación: formación en habilidades para el empleo; cuidado en la salud propia; no perdamos lo bueno que hemos creado en este periodo de crisis: hemos descubierto nuestro tiempo y en lo que somos buenos.

Posteriormente nos organizamos en pequeños grupos de trabajo para definir conductas concretas en cada ámbito, y es aquí, donde nos dimos cuenta de que tanto pensar en grande nos ha hecho olvidar lo más próximo.

Muchas de las ideas de acción que surgían estaban dentro de nuestro campo de actuación personal y generalmente, el tiempo era el único recurso que requerían por nuestra parte. Pero, con la misma intensidad surgían ideas que incluían a grandes grupos de personas, la ocupación de las agendas de terceros (como si el tiempo fuera un recurso ilimitado) y generalmente con el soporte tecnológico de por medio. ¡En la construcción de una alianza que había surgido para consolidar lo que hemos aprendido de este momento, volvíamos por inercia a las prácticas anteriores al confinamiento!

Hemos oído tanto la frase piensa en grande, no te limites, llega a todo el mundo, etc. que lo de hacer algo dedicado a una solo persona, a nuestro vecindario o incluso a nosotrxs mismxs, nos resulta de poco valor. Como si el valor de una acción la determinara la cantidad de impactos que genera y no la acción en sí misma. ¿Tiene más valor lo grande o lo pequeño? ¿Acaso esta no es una pregunta tramposa de elección forzada?

 

 

 

 

Memoria 2019. Un recorrido y un aprendizaje compartidos

En Dynamis tenemos una forma peculiar de entender la Memoria anual. La nuestra, no tiene un solo número: solo experiencias, aprendizajes e ideas para el futuro. Las personas, y también las empresas, necesitan conseguir unos resultados. Pero a veces olvidamos que los resultados pueden ir mucho más allá de los ingresos, los beneficios.

Las personas somos mucho más: somos lo que aprendemos, somos lo que sentimos, somos lo que hacemos. Estos también son importantísimos activos para el futuro, pues nos ayudan a elegir caminos y orientar estrategias. Nos permiten velar por la sostenibilidad nuestra y de nuestra entorno, en el medio y largo plazo.

Esperamos que os guste, os ponga sonrisa y tal vez, encienda alguna bombilla que ilumine vuestras ideas. Leer Memoria

Soñar la universidad

¿Cómo desearías que fuera la universidad? El siguiente texto nace de esa pregunta y la única pretensión que tiene es compartir la visión de algunos jóvenes junto a la mía, en forma de respuesta, de deseo, de ilusión… ¿Soñamos juntxs? ¡Empezamos!

En mi opinión la universidad debería ser un espacio dedicado a la investigación y al desarrollo de campos y materias. Un lugar donde acudan aquellas personas que encuentran en el descubrimiento del saber su verdadera vocación. Creando espacios alternativos para aquellos otros que, por su parte, solo buscan posicionarse en el mercado laboral ante una presión social constante” Miguel Lobelo, licenciado en Diseño Gráfico.

Tirando de este hilo, a mi me gustaría imaginarme un modelo significativamente menos competitivo en el que la presión social o la idea de posicionarse en el mercado laboral no interfiriesen en la búsqueda de nuestras pasiones. Un modelo donde haya espacio para las inquietudes de cada persona y fomente la integración de la diversidad.

También, como nos cuenta un estudiante anónimo de Enfermería: “la universidad será el lugar para despertar la conciencia del ser humano” Yo me sumo a este sueño y apelo al papel de los profesores para que nos agiten con responsabilidad en ese despertar. Que las aulas se conviertan en lugares vivos, estimulantes, expresivos…

Así Lucía Zaballa, estudiante de Medicina nos dice: “me gustaría que la universidad enseñe a pensar, enseñe a sacarse las castañas del fuego y te prepare para lo que venga después. Me gustaría pensar que es un lugar donde se fomente la motivación de aprendizaje, que la gente no acuda a clase por la asistencia, sino por las ganas de aprender”

Seguimos imaginando la universidad con Rubén Jordán, estudiante de Ciencias Políticas: “me ilusiona pensar en que, un día no muy lejano, la universidad sea un sitio donde se fomente y premie que un estudiante desarrolle un gran número de habilidades y proyectos. Me ilusiona pensar que la universidad será un lugar donde no solo se valorará memorizar y tirar, o calentar un asiento. Es posible que siendo así dejemos de pensar en coger nuestro título y olvidarnos, para pensar en quedarnos haciendo universidad”

¡Sin duda! Me gusta pensar en una universidad que no fuera valorada como un trámite que nos da la posesión de un título con el que presentarnos al mundo laboral diciendo: “¡tengo esto!”, para pensar en una universidad que nos acompañe en nuestro camino con más certezas sobre lo que somos y así quedarnos haciendo universidad después de la universidad.

Y termino, volviendo de nuevo al sueño de Lucía para descubrir su visión donde la enseñanza más importante de la universidad sea hacer hombres y mujeres con valores, ética, bondad y compasión. La universidad tiene que acercarnos un poco más a crear un mundo bueno.

 

Crear un nuevo renacimiento creativo

«Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos, era el siglo de la locura, era el siglo de la razón, era la edad de la fe, era la edad de la incredulidad, era la época de la luz, era la época de las tinieblas, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación, lo teníamos todo, no teníamos nada, íbamos directos al Cielo, íbamos de cabeza al Infierno”

 Un texto que parece escrito para hoy. Pero no, fue escrito por Charles Dickens, en su novela Historia de Dos Ciudades, situada a comienzos de la Revolución Francesa. Un momento histórico que fue uno de los mas dramáticos y a la vez esperanzadores. Una época marcada por grandes conflictos, con visiones opuestas, y también, por transformaciones, con profundos progresos con una gran influencia posterior.

¿Y si las fragmentaciones y los progresos estuvieran unidos? Si analizamos los momentos históricos, nos damos cuenta de que muchos de los pensadores mas creativos, no nacieron en épocas calmadas, ni en lugares centralizados con pensamientos homogéneos. Por el contrario, muchos de ellos nacieron en épocas marcadas por divisiones o revoluciones. Pero lo que encendió el crecimiento de su potencial creativo no fue la fragmentación en si, sino la enorme diversidad que esta produjo, enriqueciendo sus pensamientos.

La antigua Grecia, un lugar dividido por números estados, con visiones muy distintas, fue cuna de los mayores pensadores de la historia. Lo mismo ocurrió en la Italia del Renacimiento, con ciudades rivales hirviendo diferentes visiones, donde nacieron enormes talentos como Rafael, Miguel Ángel, Dante o Leonardo. También la Alemania que estaba dividida en pequeños principados, vio crear a Bethoven, Mozart, Hegel o Goethe. Y esos pensadores ilustrados como Rousseau, Descartes, Diderot o Voltaire, vivieron una época con números conflictos sociales y políticos. Sin olvidarnos de la Primera Guerra Mundial, que en medio de países desestructurados y un clima de gran incertidumbre, emergieron Wittgenstein, Heidegger o Benjamin revolucionando la filosofía. Y si, también la Segunda Guerra Mundial, dejó grandes innovadores en campos muy variados como Robert Capa, Roberto Rossellini, Bauhaus o Picasso. 

Pero no solo crecieron en momentos marcados por divisiones, sino que la mayoría, además vivieron en entornos que les abrieron las voces de la diversidad, mostrándoles diferentes puntos de vista desde su infancia. Esa actitud, aprovechando también la época en la que les había tocado vivir, produjo un florecimiento de su creatividad. Además, gracias a esta mentalidad promovida en sus entornos, tuvieron la capacidad de unir tanta diversidad y complejidad de forma armoniosa, encontrando conexiones entre todas las perspectivas y transformándolas en visiones únicas del mundo.

En nosotros está convertir el momento tan turbulento que nos ha tocado vivir, en un nuevo renacimiento creativo. En lugar de taparnos los ojos, resignarnos quejándonos o atarnos a nuestro punto de vista, podemos conseguir que uno de los capítulos mas surrealistas de la historia cuente también que aprendimos a ser mejores. Seamos como esos ilustrados, que observaban la ignorancia, la tiranía y la superstición del momento que les había tocado vivir. Pero también, la esperanza, la fe en la razón y la cooperación. Veamos ambas visiones de Dickens a la vez, las tinieblas y la luz, entendamos más allá y profundicemos en ellas. El progreso llegará si sabemos escuchar todas las voces, integrar visiones diversas y crear aprendizaje compartido, conectando los hilos que enlazan los diferentes problemas que vivimos y convirtiéndolos en un brote creativo.

Teletrabajo en tiempos de coronavirus

La euforia del teletrabajo, otro ejemplo de cambio reactivo

¿Cuántas plataformas de videocoferencias nuevas has probado desde que entramos en el confinamiento?

La gran mayoría de los profesionales podríamos decir que ya nos movemos por ellas como si fueran nuestro ecosistema habitual. Es más, cada uno de nosotrxs podríamos hacer un webinar monográfico sobre el tema como usuarixs aventajadxs. Según los datos de Microsoft, las video reuniones on line están alcanzando 45.000 horas diarias en el mundo, un incremento del 200% desde mediados de marzo.

Más de una vez hemos pensado en estos días, ¿si ya estaban ahí, por qué no las usábamos? Posiblemente, nos hubiéramos evitado unos cuantos desplazamientos y las dificultades de convocatoria por incompatibilidades de agenda. ¡Qué fácil es hacerse esta pregunta ahora,  después de no haber tenido más remedio que probarlo!

Numerosos artículos en los últimos años han puesto en valor la capacidad de adaptación como un factor diferencial. Y si algo está demostrando el COVID-19, es nuestra capacidad de organización y aprendizaje ante una situación tan novedosa que muchos jamás hubiéramos imaginado vivir.

Pero una vez más se ha demostrado que el cambio reactivo es más habitual en nosotrxs que el proactivo, y que nuestra potencia para impulsar el cambio se incrementa significativamente cuando no hay más remedio porque la amenaza es demasiado grande.

Nos hemos adaptado rápido al teletrabajo y algunas organizaciones, poco abiertas, han descubierto que sus profesionales, estudiantes y otros colectivos, trabajan aunque no se les esté mirando; la “cultura de la presencia” se ha caído en un instante. El desbloqueo de una creencia tan asentada, indudablemente abre numerosas posibilidades al cambio en nuestras formas de trabajo. Ahora, el gran reto proactivo es analizar para qué y cuándo es apropiado.

Cuando se inician cambios novedosos con resultados rápidos, a veces hay una sensación de euforia o de excitación que nos puede llevar a pensar que son la panacea y a convertirlos en el modo habitual sin cuestionamiento. ¿Cómo influye el teletrabajo en la conciliación, la duración de la jornada laboral, la productividad, el consumo de recursos, el contacto humano,…? Son muchas las reflexiones y los estudios a poner encima de la mesa.

Que el teletrabajo ha tenido un impulso importante en nuestra sociedad con el confinamiento ya está demostrado. Si ha llegado para quedarse, lo demostrará el futuro.

 

 

 

 

 

 

 

Ganas de aprender

El secreto está en las ganas

Un mes en casa. Confinados y confinadas, peleando contra el bicho en una guerra en la que la mejor acción es no moverse. Y ayudar así a que los héroes y heroínas se batan en combate sin tregua en los hospitales.

Y en Dynamis, donde siempre hemos creído en el aprendizaje en un aula, en una cueva, alrededor de un fuego. Oliéndonos, rozándonos, mirándonos a los ojos… ¿Qué hacemos?

Pues crear otros caminos, que no dejen jamás de conducirnos a nuestro propósito: ayudar a las personas a conocerse, si es posible en relación. A pensar por sí mismas, a encontrar sus propios recursos para tomar decisiones, para elegir sus caminos.

Un mes en casa. ¿Y qué está pasando con lxs talents de Factoría, acostumbradxs a los seminarios vivenciales de cada jueves? Pues que están sacando provecho más que nunca a los procesos de coaching. Que los equipos de proyecto son más equipo que nunca. Que ofrecemos unos casos online voluntarios, y se apuntan 23 de 23.

Lo que está pasando es que están exprimiendo al máximo la experiencia, como todas las anteriores ediciones de Factoría. Porque el secreto está en las ganas. Porque quien quiere aprender, siempre encuentra la forma. Porque lo importante es el fondo.

Recuerdo aquella frase atribuida a Aníbal, general del ejército cartaginés, que dirigió a su ejército en la imposible misión de cruzar los Alpes. “Encontraremos el camino, y si no, lo crearemos”. Importa el propósito. Y las ganas. Todos los caminos pueden ser buenos. Y disfrutarse.

El maldito bicho ha logrado que no nos olamos, que no nos rocemos, que no nos besemos. Pero no solo no ha logrado desconectarnos, sino que ha logrado lo contrario. Estamos más cerca que nunca, porque estamos los unxs en los otrxs. Nos recorremos juntxs. Y juntxs, porque queremos, seguiremos encontrando la forma de seguir aprendiendo, de seguir entregando, de seguir construyendo, de seguir sintiendo, de seguir viviendo.

 

Cuidar y ser cuidado

Cuidar y ser cuidado

En estos días que tanto escuchamos la palabra cuidados y la asociamos inevitablemente al encomiable trabajo del entorno sanitario, se nos pasa por alto que existen otros muchos entornos donde no se puede perder de vista esta palabra. De hecho me atrevería a decir que es necesario tenerla presente en todos los ámbitos de la vida. Pero como este post es finito y pretende centrarse en uno solo de estos ámbitos, hablemos del cuidado de las personas en el entorno laboral.

¿Por qué? Porque muchas veces cuando nos vienen mal dadas, lo único en lo que ocupamos mente, energía, recursos y tiempo es, en salir como podamos de ese bache o mal momento en que nos vemos inmersos, perdiendo de vista otros elementos o factores que son importantes a la hora de pensar precisamente en cómo salimos del atolladero. Estos “elementos” son las personas.

Porque no debemos ni podemos olvidar que gracias al trabajo, ingenio, esfuerzo y entrega de nuestros trabajadores, hemos llegado a un punto del camino en el que probablemente no nos habíamos visualizado cuando comenzamos nuestra aventura empresarial, solos o con pocos compañeros de viaje o perteneciendo a un gran equipo empresarial. En cualquiera de los casos, todas las personas protagonistas de esos proyectos habrán tenido y tienen su peso a la hora de posicionar a la empresa en su lugar actual. En cualquier caso, independientemente de cuál sea nuestro posicionamiento en el mercado, lo que subyace a esta cuestión no es si somos TOP TEN en nuestro sector o en nuestro nicho de mercado, sino si en momentos complicados como los que vivimos, somos TOP ONE con las personas que reman a nuestro lado.

Cuando aparecen los problemas o las dificultades, las mejores soluciones provienen de la capacidad y el potencial del principal motor empresarial: las personas. Personas que no solo deben estar cualificadas para hacer su trabajo, sino también motivadas para desarrollarlo de la mejor manera posible. Y esta motivación crece o decrece cuando se gana o pierde el interés por las tareas acometidas. Para minimizar esto último y teniendo en cuenta que hoy en día, la distancia física pone a prueba la comunicación con los nuestros, hay que retar al ingenio, la creatividad y utilizar todo aquello que la tecnología pone a nuestro alcance para que esta relación bilateral no decaiga, ya que la calidad de esta comunicación, será el primer termómetro para saber si la crisis nos ha “infectado” también a nosotros.

No podemos dejar de comunicar y comunicarnos a pesar de nuestros encierros y nuestros supuestos aislamientos. Debemos mantener, ahora más que nunca, niveles óptimos de atención a nuestros trabajadores, respetar y buscar su conciliación familiar, reconocer su trabajo, fomentar su proactividad, mantener o iniciar nuevos proyectos o retos laborales que impliquen el trabajo en equipo y presentar nuevos objetivos para no caer en la rutina y la desmotivación.

Si conseguimos que nuestros trabajadores se sientan cuidados, se sepan escuchados, valorados y a gusto, su compromiso aumentará, plantearán con confianza nuevas ideas, probablemente disfrutarán de su trabajo y su rendimiento y eficacia crecerán.

Son pequeños cuidados que, como los primeros que nos recomendaron nuestras autoridades sanitarias al comienzo de esta crisis (estornudar sobre el brazo, lavarnos las manos, etc.), evitarán las infecciones y mejorarán nuestra salud y la de nuestro entorno.

SI cuidamos a los nuestros, inevitablemente seremos cuidados.

 

Educar a través del cine

La educación a través de la gran pantalla

Si algo hemos ganado con el confinamiento, es tiempo. Y como muchas veces habréis escuchado, el tiempo es oro. Yo creo que el tiempo por sí mismo no es oro, es simplemente tiempo, y convertirlo en oro depende de lo que uno mismo haga con él. A continuación, os recomendamos cuatro películas que tratan sobre educación para llenar todo este nuevo tiempo de valor.

La familia Bélier: una película francesa emocionante y divertidísima sobre una peculiar familia donde, a excepción de la hija, todos son sordomudos. Ella hace de intérprete de sus padres y de su hermano. Un día, alentada por su profesor de música decide prepararse para una importante audición de canto. Una decisión que agita toda la estructura familiar,  la obliga a separarse de sus padres, a vencer miedos y a crecer.

Cadena de favores: una conmovedora película que nos enseña el valor de las acciones individuales. Uno de los profesores del colegio donde estudia Trevor, un niño de 11 años, le propone un reto: “piensa una idea para hacer del mundo un sitio mejor”. Un primer movimiento que se expandirá de manera sorprendente transformando la vida de muchas personas.

Una razón brillante: una crítica película enmarcada en el contexto universitario.  Su protagonista, Neïla es una joven del extrarradio parisino que sueña con ser abogada, y para ello, estudia en una de las mejores universidades de París. Una propuesta cinematográfica de gran virtud dialógica que nos enseña el poder de la reflexión, la autocrítica y el coraje para ir más allá de lo establecido.

Captain Fantastic: una excéntrica película que trata sobre una familia formada por un padre y sus seis hijos quienes viven en medio del bosque, alejados de la civilización, con una educación anticapitalista y de supervivencia. Un giro en los acontecimientos hará que tengan que cambiar su forma de vivir y volver a la ciudad. Un film controvertido que nos plantea la siguiente pregunta: ¿se puede educar y vivir al margen del sistema?

Cuatro películas que personalmente no me dejaron indiferentes y que os invito a que veáis de una manera activa y creativa, proponiendo un posible debate con vuestras familias o amigos. Porque como he dicho al principio de este texto, convertir el tiempo en oro, plata, bronce… o en definitiva, en un bien preciado, está en cada una de nuestras manos.

 

 

Aplausos que son origen

Aplausos que son origen

Salimos todas las noches a aplaudir a las ocho a las ventanas. Dejamos todo para recuperar lo que siempre hemos tenido: nuestras manos y la mirada. Quizás hemos infravalorado el poder de esas manos y la mirada de conexión con los vecinos. También hemos dado por sentado a esos héroes sin capa a los que se dirigen esos aplausos, porque teniéndolos siempre, no los hemos valorado lo suficiente. Todo esto siempre ha estado ahí y ahora le damos valor.

Pienso como un acto tan pequeño ha logrado extenderse a todas las casas de España. Ciertas personas iniciaron un movimiento que, como un gran contagio, se extendió sin freno. Cada día, a las ocho, da luz y fuerza en varios países que luchan cada día en uno de los episodios mas complejos de la historia global. Las personas que lo iniciaron no son conocidas. Pero quizás, lo que les importa es el movimiento que es motor más allá de ellos mismos.

Viendo este movimiento y otras iniciativas que han surgido, te pregunto: ¿son estos aplausos originales? Si analizamos la historia, la originalidad se ha entendido de formas muy diferentes. En el Renacimiento o el Barroco era mantenerse firme a los orígenes, respetar y continuar los planteamientos clásicos. Desde el Romanticismo surgió otro entendimiento que la asociaba al atrevimiento, la renovación y la ruptura. Es este último significado el que hemos integrado desde entonces. Ahora, la innovación se asocia con la novedad, apartarse de lo ya existente para crear algo espontáneo, diferente. Pero, ¿y si estamos perdiendo algo con esos dos significados?

Originalidad se forma, según la etimología, de “origen”. Esta palabra viene a su vez del latín “origo”, que significa “comienzo” y está ligada a la palabra “oriente”,  la dirección donde nace el sol cada día. Jesús Alcoba, autor del libro Génesis, cuenta que las grandes ideas de la humanidad son aquellas que generan un movimiento que da pie a muchas otras ideas y acciones. Es decir, son origen de otras creaciones, se extienden por generaciones, fronteras y por la historia.

Ahora, te pregunto de nuevo: ¿hay originalidad en estos aplausos? Se han extendido como un virus replicándose en diferentes países, emocionando a personas de todas las generaciones, profesiones, y personalidades. Quizás, han generado otros movimientos solidarios, como los aplausos entre policías y sanitarios, siendo origen de más emociones, acciones, ideas y reflexiones. Los creadores pusieron su creatividad al servicio de su generosidad, creando a través de esta un movimiento que ha ido más allá de ellos mismos. Una ola de solidaridad y unión que nos recuerda durante unos minutos que somos más que nosotros mismos, que podemos impactar desde nuestro metro cuadrado, que no debemos infravalorar el valor de los pequeños gestos, que nos anima a usar más las manos y la mirada. Pensamos en la originalidad como lo disruptivo, pero quizás esa palabra se nos atragante ahora que ser generosos es mucho más necesario que romper. Ahora que ser origen unidos es lo que el mundo nos grita en silencio.

Conexiones

Sistemas

Recuerdo a menudo esa frase lúgubre de Hemingway, en la que dice que cuando oigamos doblar las campanas, no preguntemos por quién doblan, porque de hecho están doblando por cada uno de nosotros.

Esta idea de la existencia de un hilo que nos une, que todo lo conecta, que somos “uno”, estaba ya muy arraigada en nuestros antepasados. Y existen algunas historias, quizás leyendas, de cómo antes de que nuestro mundo fuera un mundo global, ciertas cosas que pasaban en un lugar, afectaban también a otras partes muy lejanas entre sí.

Leí en cierta ocasión una historia sobre dos variedades de pájaros muy similares, los petirrojos y los azulejos, que tuvieron una trayectoria evolutiva distinta debido a la diferente forma de vivir de unos y otros. Como no soy experto en la materia, no podría decir cuánto de verdad hay en ello, aunque la historia es preciosa y, desde luego, muy creíble. Por lo visto, los petirrojos son aves muy sociales, que viven en comunidad, y además, tienden a cambiar de comunidad a lo largo de su vida. Los azulejos son más estables, y no cambian de comunidad.

Pues bien, por lo visto, existen evidencias de cómo una de las especies ha evolucionado más rápido que la otra, al compartir sus miembros los “aprendizajes” adquiridos en otras comunidades. Cuenta la historia, por ejemplo, cómo los petirrojos aprendieron a abrir el tapón y beberse la leche que antiguamente se dejaba a la puerta de las casas. Y cómo en un plazo de tiempo corto, otros petirrojos en otras partes empezaron a hacer lo mismo.

Sea la historia realidad o ficción, parece indudable que las conexiones entre los miembros de un sistema, y la oportunidad de que los miembros de ese sistema “vuelen” para dar y recibir, mejora el aprendizaje e impulsa la evolución y el cambio.

Pero creo que hay una variable  que no debemos perder de vista: no es solo la conexión, la que genera la sinergia. No es solo “volar”  de grupo en grupo lo que permite que el aprendizaje se produzca. Es necesaria la porosidad de cada individuo para aprender, y la generosidad de cada individuo para compartir su conocimiento. Si el individuo no alimenta el sistema, el sistema no alimentará al individuo.

Si algo cuidamos en Factoría de Talento a la hora de realizar la selección, es elegir jóvenes con porosidad y generosidad. Que tengan disposición a aprender y sean generosos para compartir su conocimiento y difundirlo mucho. Ese “virus” del aprender y compartir, sí queremos que sea muy contagioso.