Bendita paciencia

Palabras que habremos oído mil veces, en nuestros padres, y aún más en nuestros abuelos. Y mi impresión es que vivimos una época en la que la paciencia está infravalorada.

En este mundo nuestro, en el que todo va tan rápido, en el que “dentro de 10 minutos” ya es tarde; en el que parece que no vivirlo todo en el próximo año, hará que “se te pase el arroz”, la reflexión, la paciencia, el sembrar y regar, son actividades percibidas a menudo como pérdidas de tiempo.

Muchos lectores conocerán la historia del bambú japonés, cuya semilla se siembra y se riega y durante años no asoma ni un pequeño tallo. Y de pronto, en semanas puede crecer más de 30 metros.

Hace poco tiempo, un joven amigo (las nuevas generaciones llevan aún peor lo de la paciencia), me dijo que empezaba a trabajar en una conocida empresa y que tenía ganas. Seis semanas después me lo crucé casualmente, y me dijo que ya lo había dejado, porque había tardado poco en descubrir que aquello no era lo suyo. Hombre: está claro que si crees que estás perdiendo el tiempo, lo mejor es dejar de perderlo cuanto antes. ¿Pero cuánto tiempo se necesita para saber que una dinámica no es la que uno desea?

Me pregunto si no perdemos oportunidades de aprendizaje y de gran disfrute, porque no damos tiempo a las experiencias para se desarrollen, para que se consoliden en nuestro interior. No todo es bonito en el minuto 1. Las experiencias maduran. Muchas veces, descubrir la riqueza de una actividad, es algo que solo se alcanza cuando ya no hay tanto esfuerzo inicial, ese que se necesita para generar los hábitos. Muchas cosas son más bellas a medida que las conoces.

En algunos procesos de coaching, propongo a mis coachees que hagan un pacto con ellos mismos: que se den todo el tiempo que necesiten para tomar una decisión a la hora de elegir un camino u otro. Pero una vez tomada, les propongo que recorran el camino un mínimo de 3 meses, sin ningún juicio durante ese tiempo. Y después de 3 meses, valoramos el global. Cuántas veces ha pasado que lo que mal empieza, bien acaba. Aunque no sea así el refrán.

 

 

 

 

 

 

 

 

Las tareas asociadas a la gestión del talento se pueden agilizar con tecnología. Llega KeyTeamX

En algunas ocasiones te habrá pasado, llegas a un sitio nuevo y te falta información o un apoyo que te ayude a empezar, quieres hacer una gestión y te pegas con una máquina que no reconoce bien tu voz o simplemente la persona de la que dependes está muy liada y tienes que mandar un e-mail para resolver una duda que en condiciones normales tardarías 3 minutos en resolver.

En esos momentos, desearíamos tener una varita mágica que nos solucionara el problema rápidamente, pero la mayoría de veces suspiramos e intentamos sacar adelante la situación como podemos.

Una de las cosas que teníamos claras al crear KeyteamX es que queríamos hacer la vida más fácil a las empresas y a los empleados. Para ello, escuchamos sus problemas, analizamos sus procesos y ponemos a su disposición todo nuestro conocimiento en recursos humanos y últimas tecnologías. Fruto de ese trabajo, nos hemos dado cuenta que hay multitud de pequeñas tareas en las empresas que podrían ser agilizadas con tecnología: por ejemplo con chatbots o inteligencia artificial.

El debate en los últimos tiempos, se está centrando en sí las maquinas llegarán para sustituir a las personas. Nosotros creemos que el verdadero potencial, el más valioso, es que las nuevas tecnologías permitan a los profesionales aprovechar el tiempo en las cosas importantes de verdad, quitándoles esas horas perdidas en tareas rutinarias, en fallos de comunicación o simplemente en burocracia, permitiéndoles nuevas formas de formarse o de mantenerse en contacto dentro de la empresa.

Tecnología pensada para ti: KeyTeamX

Si quieres más información, no dudes en contactarnos.

 

Generación Z: nuevos emprendedores


Los mayores de la Generación Z, nacidos entre 1994 y 2009, empiezan a salir ya de las universidades para incorporarse al mundo laboral.


Una generación con nuevos esquemas mentales y perspectivas vitales que comparte haber nacido o crecido en una profunda crisis. Han vivido años importantes de su niñez y adolescencia viendo como sus padres o personas cercanas se quedaban sin trabajo, han sentido de la mano de los Millennials el boom de la sobrecualificación y han escuchado repetidamente en la noticias pronósticos de una economía en caída permanente.


Ya lo decía Einstein: “En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento”. Todo este ecosistema que les ha rodeado les ha hecho más creativos. A diferencia de los Millennials, que se chocaron con la crisis nada mas terminar la universidad, ellos han podido escoger sus caminos académicos y laborales teniendo en cuenta no tanto las salidas profesionales sino sus aspiraciones vitales. Tienen mas claro que su fuente de ingresos tiene que nacer de su identidad y se sienten motivados creando proyectos propios vinculados a causas sociales. El 55% declara que tiene intención por emprender. Un porcentaje muy superior al de anteriores generaciones. Y un dato mucho mas sorprendente en un país como España, con una cultura que nunca ha incentivado este camino.

A pesar de las grandes inquietudes por el mundo emprendedor, sienten que no tienen las habilidades clave para lanzarse. Según el informe GEM 2017-2018 de España, que realiza una amplia radiografía del ecosistema
emprendedor Español, entrevistando a 36 expertos nacionales y en el cual hemos participado, España está todavía muy por debajo de la media de las economías basadas en la innovación. Uno de los principales obstáculos es la falta de educación emprendedora. Por tanto, una de las recomendaciones urgentes que se muestran en el informe es fortalecer los valores y competencias emprendedoras en los programas formativos.


Aun así, esta generación no busca cualquier educación, pues están desencantados con la formación tradicional y demandan una enseñanza más práctica, flexible y emocional, orientada a la experiencia y las habilidades para poder enfrentarse con éxito a un futuro incierto y cambiante, donde inventarán no solo nuevos proyectos, sino nuevas profesiones, reinventándose constantemente.

Key Team X, la tecnología acorta distancias en la gestión del talento

Ya no hay departamentos de RRHH, ahora lo llamamos departamento de equipos y talento, talento y cultura, área de gestión del talento… La palabra talento está de moda, y como casi todo lo que se pone de moda, es una realidad algo inflamada con una justificación real. En las empresas, ya no tenemos RRHH sino talento que gestionar. El cambio del término puede parecer frívolo pero es más significativo de lo que parece.

Cuando hablamos de talento, podemos hacer referencia a diversidad de talentos, incluso dentro de una misma empresa, cada colectivo profesional requiere su propio talento. Ahora, el gran reto es hacer una gestión muy adaptada a cada colectivo de talento sin morir en el intento. ¡Nada fácil!, cada colectivo requiere su propia dieta. Con este objetivo estamos implantando KeyTeamX en empresas.

Key Team X permite, utilizando la tecnología del chatbot, llevar a cada colectivo la información y la formación que es relevante para él, y realimentar el canal llevando a los gestores del colectivo información muy actualizada para su gestión.

¿Imagináis poder comunicar en un instante con todos los miembros de un colectivo de talento para proponer una buena práctica para la jornada, una breve píldora formativa, o lanzar una pregunta que recoja su opinión? Con un clic en el móvil has logrado un impacto en el colectivo; la brevedad y la adaptación son parte de su éxito. Key Team X se convierte en una “lluvia fina” que con una periodicidad sistematizada lleva y recoge información, y va sembrando en el colectivo poco a poco y de forma sostenible.

Key Team X se ha convertido en una solución muy apropiada para colectivos de talento dispersos geográficamente que tienen que estar comunicados entre sí, con poco tiempo disponible para hacer formación de forma tradicional y que son estratégicos para la empresa por lo que es  importante que se sientan cuidados y atendidos de forma continua.

Una vez más la tecnología permite acortar distancias y compartir información/formación con imputs adaptados, breves e instantáneos. Si quieres que un colectivo se sienta especial, atiéndelo de forma única.

Septiembre

Ya muchos no se acordarán de que hace muy poco estábamos de vacaciones, sin despertadores, ni prisas, ni rutinas…

Algunos seguirán con esa llamada crisis post-vacacional, que está vinculada a un contraste feo entre la realidad y los deseos.

Cuando uno decide sumergirse en una piscina, la sensación no es la misma si primero mete un dedo, después un pie, después hasta la rodilla y dedica al proceso veinte minutos, que si lo que hace es zambullirse de golpe. Del mismo modo, la vuelta al trabajo puede ser más o menos dura.

Zambullirse de golpe “duele más”, pero menos tiempo. Meterse en el agua poco a poco, duele menos, pero más tiempo. Cada uno ha de tomar sus decisiones.

En todo caso, creo que merece la pena hacer una reflexión más o menos profunda, sobre por qué nos cuesta tanto volver, si es que es así. Porque una cosa es que de vacaciones se viva fenomenalmente, y otra cosa es que la etapa de descanso sea el paraíso, porque la etapa de trabajo esté lejos de serlo.

Es una obviedad, pero aunque siempre cueste un poquito volver (salvo a algunos), el hecho de que retomar la actividad laboral y en general las rutinas “invernales” se conviertan en una montaña gigantesca, debe hacernos pensar sobre si llevamos la vida que queremos, y si no es así, si es un sacrificio con sentido y consentido. Porque si la respuesta es afirmativa, toca “apechugar”, tirar hacia delante, y saber que pronto estaremos en forma y adaptados.

Pero si de la reflexión surge la respuesta de que no estamos bien y además no estamos en el camino de estarlo, existe el riesgo de que el problema se convierta en endémico, y cada vez que nos tiremos en septiembre a la piscina, sintamos que el agua está más helada.

Ojalá encontremos la fórmula para que todo el año podamos sentir, en mayor o menor medida, esas buenas sensaciones vacacionales, las que no tienen que ver con “no tener que hacer nada”, claro. La sensación de que me canso, pero me recupero. De que me gusta lo que hago, porque elijo hacerlo. Y mejor que mejor: porque me apasiona hacerlo. De que dirijo la barca, y no me lleva la corriente.

 

 

El gap entre el mundo laboral y el mundo académico

Firmas como Google, Apple, IBM o Bank of America ya no exigen un título universitario para incorporar a un candidato a sus plantillas. ¿Los motivos? Las habilidades que se piden en la universidad son muy diferentes a las de la vida profesional. Esta cuestión es “la gran guerra actual” del mundo de los Recursos Humanos. El dilema competencia vs conocimiento a la hora de incorporar a una persona a una empresa es uno de los grandes debates de los consultores de RRHH y de las estrategias empresariales, sobre todo las de la gran empresa ya que los volúmenes de contratación son mucho más altos. Según contrastan los informes, las empresas se fijan cada vez más en las “soft skills” de los candidatos a la hora de incorporarles aunque esto depende mucho del sector de la empresa en cuestión.

Por otro lado, España necesita aún un gran cambio de mentalidad importante para que esto sea completamente así. Además, cabe destacar que hay empleos que requieren un conocimiento previo que uno debe haber adquirido en la universidad o en una formación profesional. Ese conocimiento es el que permite que la persona pueda ponerlo práctica después (la llamada experiencia) y que, de no ser por instituciones como las universidades o por los centros de formación uno no podría haber adquirido a no ser que la empresa se haya comprometido a enseñar a esa persona (tesitura que aún parece ser bastante utópica en algunas empresas). En tal caso, la empresa adquiriría entonces el papel de formador, sustituyendo a las universidades y esto, por motivos evidentes, tendría consecuencias sociales y económicas ya que se trataría de un cambio de mentalidad importante (influenciado como tantas cosas por la globalización; es una visión bastante estadounidense).

No obstante, adquiera la empresa o no el papel de “profesor”, la realidad innegable es que todos necesitamos que nos enseñen cómo hacer las cosas, por muy autodidacta o inteligente que uno pueda ser o considerarse. No nacemos sabiendo. Las cosas se aprenden y eso es un hecho. Por ello, existe una pequeña laguna en el debate de competencias vs estudios puesto que están intrínsecamente relacionados. Por un lado uno adquiere competencias a raíz de la experiencia. ¿Cómo vas a saber trabajar en equipo si no es a través de la práctica? El problema, es que hasta ahora las empresas, al menos dentro del panorama español, no contemplaban contratar a nadie sin un título ( conocimientos “certificados”). Era muy difícil conseguir un trabajo (una experiencia) sin estudios o formación y sin experiencia difícilmente puede potenciar o al menos adquirir habilidades que le hagan destacar y diferenciarse de otros candidatos. Se trata de un circulo vicioso. Por otro lado, la universidad es una gran oportunidad para poder desarrollar esas soft skills. Es un lugar idóneo para interactuar con otros compañeros y profesores, formar parte de organizaciones estudiantiles y debates y discusiones de toda índole, explorar diferentes caminos profesionales, conocer a gente…  Es cierto que hay mucho conocimiento que podría condensarse, metodologías que deberían cambiar pero esto también depende de la carrera, la universidad y el estudiante en cuestión: no todos estudiamos lo mismo, no todos aprendemos, pensamos y procesamos la información igual. A veces los alumnos sienten que lo que aprenden en la universidad carece de sentido y que no es muy útil para la vida laboral pero ningún conocimiento “resta” a una persona a la hora de aplicar a un trabajo. Es más, en muchas ocasiones suelen sumar o ayudarnos a enfrentarnos a situaciones laborales desconocidas.

Seguramente, el verdadero problema de fondo de todo este repentino cambio en relación a las contrataciones de la gran empresa, es el creciente número de graduados en España y la gran crisis que atravesamos en términos de educación. Existe un gap indudable entre el mundo laboral y el académico. Además, las empresas con mayor volumen de contratación necesitan de algún modo “filtrar” las innumerables candidaturas que reciben con el mismo nivel académico y poca experiencia laboral previa. Desde hace años, utilizan otros métodos para poder seleccionar a un candidato u otro contrastando las habilidades entre ambos y alineándolas con las que se necesitan en el puesto que desean cubrir. El error reside en que, hemos llegado a tal punto de titulitis que, como candidato resulta muy difícil diferenciarse del resto. En consecuencia, las empresas ya no se fijan en el expediente académico sino en sus competencias, hasta el punto de que grandes empresas como Google o Apple deciden prescindir de los estudios del candidato. Quizás se trate de un gran error ya que por muchas habilidades innatas que un candidato pueda tener, lo que uno estudia, igual que lo que uno experimenta y vive a lo largo de la vida, cambia nuestra forma de interactuar con los demás y, por ende, de pensar y de ser. Pero… ¿Qué sucede si la empresa está buscando un candidato con una mentalidad específica? La universidad, como todo sistema, no suele producir esa “mano de obra” fuera de lo común, sino que más bien, en algunas ocasiones tiende a anularla. ¿Quién se equivoca entonces? ¿La empresa, la universidad o el propio sistema?

Motivos

Siempre me han producido curiosidad esos profesionales que, teniendo puestos de trabajo rutinarios y mucha experiencia en ellos, tiene un nivel de desempeño excelente, una sonrisa siempre preparada para el cliente o el usuario, una fantástica capacidad de gestión y resolución de problemas.

Me producen curiosidad porque a mí me costaría muchísimo encontrar la motivación necesaria para desempeñar esas tareas, un día tras otro. Más todavía si implican tener que atender a personas enfadadas, cuya empatía con quien está al otro lado, a menudo brilla por su ausencia.

He trabajado con estos colectivos de profesionales en muchas ocasiones a lo largo de mi vida, y si algo he aprendido de ellos, es que los que más destacan por su desempeño, tienen niveles de motivación altos, basados en la satisfacción intrínseca, más que en cuestiones extrínsecas.

Estos profesionales son personas que, para sentirse realizados, lo que más necesitan es mirarse en el espejo y ver que la imagen que está al otro les dice: “¡well done!”.

No necesitar (o necesitar en menor medida) de circunstancias externas para encontrar la satisfacción personal, de alguna manera nos hace independientes, libres. Es una gran oportunidad para encontrar la armonía. El reconocimiento externo, la recompensa, las coyunturas laborales, las personas que nos rodean, son cuestiones que no dependen de nosotros. No las podemos controlar.

Sí podemos controlar lo que hacemos y lo que no hacemos. Y también podemos dar sentido a la experiencia, analizando y eligiendo, a veces con mucho esfuerzo, el observador que somos de la realidad.

Creemos que para lograr dar sentido a la experiencia, sobre todo cuando llegan los malos momentos, una persona tiene que tener claros los MOTIVOS que la llevan a actuar de una forma u otra. Cuando esos motivos son poderosos y creemos en ellos, es más sencillo fluir con la actividad y somos mucho más resistentes a toda la negatividad que puede rodearnos.

Tal vez haya motivos mejores y peores, pero de hecho, lo importante es que cada uno encuentre los suyos, y viva conforme a ellos. Porque si no lo hacemos, van a llegar las dudas, y vamos a ser mucho más sensibles y dependientes de la coyuntura y del feedback exterior.

Los motivos dan sentido a la experiencia.

 

 

 

 

 

 

El talento escondido en sus miradas

¿Conoces esa sensación cuando un proyecto pasa de la hoja a hacerse realidad? Ver como algo que era un esquema, dibujo y palabras desordenadas en un cuaderno, pizarra o pensamientos, de repente se transforman en algo que puedes ver, escuchar, vivir. Pues imagínate cuando lo que vives es el impacto a través de los ojos de otros. Eso es lo que hemos sentido todo el equipo de Dynamis creando y viviendo la primera edición del programa HUMANUP LAB.


Dos meses en los que hemos acelerado no ideas, sino potencial emprendedor. Porque acelerando personas para que se impulsen a ellas mismas estamos construyendo no uno sino cientos de futuros proyectos emprendedores que cambiarán el rumbo de la innovación y con ello, de todo un país.


17 cabezas proactivas, curiosas, creativas, retadoras y valientes. 17 cabezas que nos han enseñado que en España sí hay un enorme talento emprendedor. Solo es necesario buscarlo y activarlo, porque sino corremos el riesgo de perder por el camino a muchos jóvenes que aún no tienen una idea clara pero si un enorme potencial para convertirse en grandes emprendedores. Que tienen miedo a lanzarse por una sociedad que enseña que el riesgo es salir de una feliz comodidad en lugar de ser una llave hacia la oportunidad. Una sociedad que sin inculcar habilidades emprendedoras cierra la puerta al verdadero crecimiento económico de un país que pide a gritos más valientes que se atrevan a saltar.

Y cuando preguntan: ¿qué es para ti el talento? Para mi el talento está en la mirada de cada uno de ellos el último día. Cada una brilla con luz propia, a su manera, de forma genuina y auténtica, con un talento emprendedor propio e
inimitable. Un talento que es increíble en potencia y que encendido puede llegar a ser pura poesía. Un talento que mezclado con pasión es explosivo. Un talento que, como les hemos transmitido a lo largo de todo el mes de junio, no tiene sentido si no va acompañado siempre de una mirada humilde. Este debe ir unido a una enorme capacidad de compartir con otros el camino, de conectar generando vínculos y de agradecer cada detalle. Que viva el presente y al mismo tiempo no olvide de dónde viene y tenga también una renovada visión de futuro. Un talento que recuerde a aquellos que le han impulsado en el camino a la cima y que devuelva, a su manera, creando un círculo, lo que ha recibido. Porque sino, la verdad, no sería talento. O al menos, no el talento emprendedor que queremos encender.

Seguiremos buscando más miradas parecidas y a la vez diversas en siguientes ediciones. Miradas raras, excepcionales, inquietas, frescas. Miradas que buscan. Por ellas merece la pena seguir creando esta aventura. Y destaparlas, si están escondidas. Encenderlas, si están apagadas.

¿Vives para ti o para el resto?

Hoy pensaba escribir sobre un tema relacionado con tecnología, pero la verdad es que prefiero compartir unas reflexiones sobre algo a lo que he estado dando vueltas estas semanas.

El otro día quedé con una buena amiga y en algún punto de la conversación hablamos  sobre cómo se encontraban varios amigos y conocidos que tenemos en común.

Algunos de ellos, habían mantenido durante meses una imagen de gran felicidad tanto en redes sociales como (sobre todo) en persona, pero la realidad es que han acabado por unas cosas o por otras crujiendo emocionalmente.

No creo que sea algo aislado. La sociedad nos empuja gran parte del tiempo a mostrar un estado de felicidad permanentemente y parece que el estar mal o atravesar una época más triste es algo que no nos podemos permitir. Un tema cuasi tabú. A veces se niega esta situación al entorno más cercano por miedo, por aparentar fortaleza o simplemente por vergüenza y en otras se lleva al extremo y no somos capaces de aceptarlo ni nosotros mismos.

Me encanta la película Inside Out y creo que la reflexión que hace sobre los momentos puntuales de tristeza es muy potente. Las épocas más tristes pueden valer para mirarse al espejo de verdad y saber quiénes somos, para reconocer lo que queremos y lo que no en todos los ámbitos, para buscarnos y encontrarnos, para comenzar y sembrar para el futuro… La cuestión no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer.

No todo es la tristeza, a veces estamos incómodos con una situación, con un trabajo, con una persona… y también intentamos mirar para otro lado convenciéndonos de que no podemos hacer otra cosa. No tengo la receta magistral para todo esto, pero intuyo que en realidad todo empieza por algo tan simple como cuidarse a uno mismo.

Quererse, respetarse, darse mimos, ponerse en primer lugar. Suena fácil pero es algo tremendamente complicado. Porque para cuidar a otros y estar bien con el mundo, hay que cargar las pilas propias primero.

Por supuesto, cada uno necesitará sus propios cuidados personales, tendrá sus circunstancias… Por eso es importante reflexionar sobre nosotros y ser honestos mirándonos al espejo. Podemos cambiar de ciudad, de pareja, de amigos, de trabajo… pero vamos a compartir toda la vida con nuestros sentimientos, con nuestro cuerpo y con nuestra cabecita.

Por cierto, este proceso es como una tarjeta de crédito: personal e intransferible, nadie lo puede hacer por nosotros. Eso si, aceptar ciertas situaciones y emociones y normalizarlas con la gente que nos quiere (o con un profesional si es necesario) es algo importante, imprescindible diría yo. Qué mal suena a veces eso de pedir ayuda (algunos lo tachan de flojera) y qué importante puede ser.

Es difícil pensar con el corazón dolido o con la cabeza caliente y en ocasiones, una buena manera de empezar un cambio es que alguien nos ayude con él.

Mimémonos por nuestra cuenta, compartamos nuestros momentos (pidiendo ayuda si es necesario) y disfrutemos de la vida porque lo único que no tiene arreglo en ella es la muerte.

La importancia de un buen ambiente laboral

Muchos estudios afirman que una de las principales razones por las que un trabajador escoge un empleo o no se va de una empresa es porque, además de unas buenas condiciones, es importante que haya un buen ambiente de trabajo. Esto no es un gran descubrimiento, ya que todos necesitamos una atmósfera sana para trabajar. De lo contrario, nuestra productividad, el rendimiento de la organización y hasta nuestra salud física y mental se pueden ver afectadas, llegando incluso a perjudicar nuestra vida personal.

Como en cualquier otro ámbito de la vida, encontraremos a personas en la empresa cuyas personalidades, opiniones o formas de ver la vida no estén alineadas con las nuestras. No obstante, es muy importante crear un ambiente en el que las ideas que planteen unos empleados u otros se escuchen desde el respeto y la tolerancia. ¿Y qué sucede cuando no es así? ¿Qué sucede cuando un empleado menosprecia o muestra indiferencia hacia el resto de sus compañeros? ¿Qué sucede cuando las formas entre unos u otros no son las adecuadas?

Es muy necesario que exista una buena gestión de los Recursos Humanos dentro de la empresa. Primero, se debe detectar el problema, dialogar con los agentes implicados y elaborar posibles soluciones que puedan solucionar el conflicto. Sin embargo, el problema viene cuando no se trata de un enfrentamiento puntual sino de un conflicto laboral que se prolonga en el tiempo. Es muy importante diferenciar si se trata de un caso de mobbing o un simple problema de entendimiento pues las medidas que tengamos que tomar son muy diferentes.

Es cierto que uno de los indicadores más frecuentes para evaluar un ambiente tóxico de trabajo se ve reflejado en la salud de los empleados: estrés, trastornos gastrointestinales, ansiedad o depresión.

Es necesario activar mecanismos de comunicación transparente e invertir mucho tiempo en escuchar a tus empleados. De lo contrario, la falta de claridad en la división de tareas y responsabilidades, la falta de trabajo en equipo, la falta de promoción y la ineficiencia de comunicación interna darán lugar a rumores internos, malos entendidos y, por ende, al fracaso del proyecto.

¿Cómo podemos recuperarnos después de trabajar en un ambiente tóxico?

Tras un tiempo trabajando en un ambiente tóxico, lo más normal es que el trabajador decida abandonar el puesto de trabajo al entender que el ambiente laboral no es el adecuado y que sus responsables o los responsables de recursos humanos no toman las medidas necesarias para solucionarlo. El trabajador deberá recuperarse de ese“trance psicológico”para poder empezar la búsqueda de empleo con la mejor actitud posible.

¿Cómo recobra uno la motivación? Hay una parte muy importante que está relacionada con la autoestima del individuo: el trabajador deberá apoyarse en sus seres queridos para volver a aumentar su autoestima, entendiendo que la búsqueda de empleo se trata de un proceso lento y en el que la paciencia y la constancia son claves. Es necesario que la persona recupere la confianza en si misma y recuerde que ha tomado la decisión más valiente de todas: dejar un trabajo que le enfermaba.