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No hay creatividad sin escucha

En las sesiones de formación, que hacemos con jóvenes y profesionales senior para desarrollar la creatividad, la creencia suele ser que el principio de un proceso de creación es un brainstorming, ponerse a idear. Pero, ¿con qué creamos? A veces olvidamos que creamos con la ”mochila” que tenemos: las conversaciones que hemos tenido, los libros que hemos leído, los lugares a los que hemos viajado, lo que hemos observado por la calle o en el supermercado… Igual que nuestros primeros antepasados creaban con lo que sentían en la naturaleza, lo que habían observado en sus salidas de caza, los ruidos que percibían de animales, que luego plasmaban en sus pinturas en las cuevas. A veces olvidamos que como esos prehistóricos creamos porque somos exploradores. Siempre la creación es posterior a la exploración. Cuanta más rica sea esta, más rica será la primera. Y explorar no deja de ser escuchar.

No nacemos teniendo todas las ideas en nuestra cabeza, nos convertimos en creadores porque aprendemos a escuchar. No puede existir el ingenio sin escucha. Ser permeables a la realidad, conectar con el mundo, nos hace mejorar nuestro potencial creativo. Descubrir nuevas visiones cambia nuestra mirada, y eso a veces da miedo, pero nos sorprende, nos agita, nos abre nuevos mundos de posibilidades que no nos planteábamos, y esto impulsa nuestra imaginación.

La complejidad de escuchar en el mundo en el que vivimos es que requiere un tiempo lento, dilatar el proceso, y eso choca con la inmediatez y una cantidad que nos venden continuamente, una rapidez atropellada que haciendo imposible la escucha, hace también inviable una creación profunda y con sentido. Solemos sentir, en sesiones donde guiamos proyectos creativos en equipo, que esta fase genera incertidumbre y se quiere pasar rápidamente a la siguiente, como si hubiera que ganar una carrera de 100 metros, como Alicia en el País de las Maravillas corriendo sin saber a dónde. Desde Dynamis les enseñamos en este trayecto que escuchar es vivir la incertidumbre como algo apasionante, donde estamos descubriendo lugares desconocidos, donde nos sumergimos para detectar un gran para qué, que de sentido a nuestro movimiento.

Otra barrera es que nos creamos “películas” en nuestra cabeza que explican cómo funciona el mundo, nos aferramos a ellas y no escuchamos, sino que oímos mientras tenemos en mente nuestra respuesta, el final de la historia. Nos condicionan nuestras creencias y prejuicios. Nuestro papel en las formaciones y mentorías es muchas veces liberar de estas ideas preconcebidas para lograr una escucha abierta y consciente. Si sabemos escuchar, hay señales en cualquier rincón, incluso en los gestos, los silencios, las emociones… Escuchar es un desafío, pero solo así podemos abrir la verdadera creatividad.

Dar y recibir

Dar y recibir, dos caras de la misma moneda. En estos tiempos donde la proactividad está tan sobrevalorada, sorprende que alguien pida ayuda para pensar. La proactividad implica llevar la iniciativa y en muchas situaciones, esta iniciativa, se orienta a demostrar lo que sabemos; en más de una ocasión sin saber qué va primero si la necesidad de las personas receptoras de la iniciativa o la de quien la ejerce para ver satisfecha su necesidad de acción.

Por diferente, ponemos en valor la apuesta que la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) está llevado a cabo para mejorar los servicios de prácticas. Son momentos para dar una vuelta a lo que venimos haciendo y cuestionarse si se puede hacer de otra manera.

Con esta intención, la UFV ha pedido ayuda a diferentes profesionales de la universidad y de la empresa montando paneles de expertxs conjuntos donde pensar colectivamente e idear un servicio que potencie las sinergias entre las empresas y lxs universitarixs en prácticas.

Queremos resaltar la expresión, pedir ayuda. Lo de ofrecernos para darla se nos da bastante bien sobre todo si es para dar voz a nuestras ideas, lo de tener la apertura para recibirla ya es más rareza. A este combinado de dar y recibir ayuda, lo llamamos en Dynamis el impulsor generosidad; compartir ideas, conocimiento, trabajo, etc. con compromiso y pedir ayuda cuando se necesita agradeciendo los apoyos recibidos.

Cuando la UFV nos invitó a participar en uno de los paneles, no dudamos en decir sí. Era una ocasión de compartir nuestra experiencia con jóvenes y empresa, una vez más, el foco en lo que yo puedo aportar. Por contraste, las personas de la UFV que lideraban esta iniciativa mostraron una apertura infinita a escuchar lo que diferentes personas expertas expresaban. No solo nos escucharon a nosotrxs, nos presentaron previamente un mapa de empatía de todas las personas implicadas en las prácticas universitarias que indicaba una alta escucha. ¿Llamaríamos a esta escucha generosidad? Lo es, para saber dar hay que saber recibir también.

En breve descubriremos los resultados de su trabajo. No dudo de que será una propuesta valiosa y sostenible. ¿Qué va primero dar o recibir? En la acción de la UFV está claro, primero recibir para poder dar después.

¿Cómo atraer a los millenials?

Existen muchas discrepancias y opiniones diferentes acerca de esta generación, población nacida entre los 80 y el 2000. Hay un salto, y un cambio cultural respecto a las generaciones anteriores, principalmente fruto de la revolución tecnológica. Son personas que han crecido conectados a las nuevas tecnologías y a un mundo mucho más globalizado.

A lo largo de los años el mundo empresarial ha evolucionado. Gracias a diferentes estudios e investigaciones observamos y descubrimos nuevas dinámicas de trabajo y adoptamos filosofías y éticas alternativas. Nos hemos dado cuenta de que no existen dicotomías perfectas, es decir, las decisiones en la oficina no son de tipo A o B sino que debemos leer el entorno, a los empleados, el ambiente… Esto mismo ocurre con esta nueva generación. Efectivamente, fruto de la educación y el momento histórico en el que han crecido, tienen ideas, aspiraciones y motivaciones diferentes. Debido a la línea temporal, los millenials son el futuro, son los siguientes en hacerse con el mercado laboral. Por este motivo debemos tratar de entender cuáles son sus inquietudes para conseguir una armonización y adaptación más sencilla entre las diferentes generaciones.

A consecuencia de la importancia y peso que contrae la tecnología en la sociedad, los millenials, por ahora jóvenes, buscan empresas que utilicen tecnología avanzada. Es más, el hecho de utilizar programas anticuados les puede causar cierta frustración. Por otro lado, existe una tendencia general de querer descubrir mundo, estando dispuestos a trasladarse de país. Es una generación ambiciosa y curiosa, no les vale saber sobre un único tema, sino que les gusta probar, experimentar, aprender de la experiencia de empleados más veteranos. Han realizado trabajos en grupo desde pequeños por lo que se sienten más cómodos en un ambiente participativo, donde sientan el respaldo y formación de un equipo.

Como empresa, es importante mantener la ilusión y las ganas de sus empleados a flote, aunque se debe tener en cuenta que no todos ellos tienen los mismos objetivos. Sin embargo, se trata de crear conexiones entre los trabajadores, intentar que se sientan cómodos y evitar que ir a la oficina no se convierta en una tortura. En ningún momento debemos subestimar la importancia de los encuentros sociales internos, los programas de mentoring y de formación que ayuden a crecer personal y profesionalmente a los integrantes de la empresa.

¡Es por los jóvenes!

Durante el último año, hemos escuchado continuamente esta frase en boca de ciertas personas, aludiendo a que gran parte de lo que está pasando es por culpa de los comportamientos irresponsables de los jóvenes. Y nos preguntamos: ¿qué jóvenes? Sin duda habrá. Pero las experiencias que vivimos cada año al lado del talento joven, en los proyectos que lideramos, nos demuestran que sí, que es por los jóvenes. Es por su culpa que nos ilusionamos y que sabemos que el futuro está en grandes manos.

La última experiencia que hemos creado, Human Up Torrelodones, junto con este Ayuntamiento, nos ha seguido mostrando el poder de dar voz a los jóvenes, en lugar de dictar sentencia hablando de lo que son. Un proyecto donde primero hemos formado a un grupo de jóvenes del municipio, ayudándoles a conocer cuáles son sus talentos, desarrollar actitudes y habilidades como la proactividad, la comunicación, el liderazgo y su mentalidad innovadora. Tras ello, ya estamos empezando una nueva etapa en la que van a ayudar a resolver retos de pequeños negocios de Torrelodones que necesitan transformarse, creando soluciones innovadoras para los comercios, mientras aprenden en real. De esta forma, se convierten en agentes de cambio de sus comunidades.

Con este proyecto seguimos aprendiendo la importancia de que si queremos que los jóvenes sean un pilar de cambio, es necesario invertir en su desarrollo, empoderándoles, dándoles herramientas y ayudándoles a encontrar el sentido de su camino. Hay que hacerlo además, de manera profunda y humanística, haciendo que exploren lo que tienen dentro, sus valores y sus porqués, potenciándoles primero como personas. Porque está fantástico introducir impresoras 3D y ordenadores en las bibliotecas, pero nada tendrá sentido si no descubren antes quiénes son y para qué quieren crear.

Además, se implicarán en sus comunidades si ven que su voz es escuchada, que pueden expresar sus inquietudes y mostrar sus soluciones. Si sienten que se les aparta de la toma de decisiones, luego es difícil acudir para pedirles. Sin embargo, si les das un pequeño altavoz, lo multiplican por mil, y se convierten en grandes activistas de mejoras en su entorno. Mejoras que jamás se podrán ver de forma amplia sin su punto de vista, pues son poseedores de una gran perspectiva, y solo teniendo acceso a la visión completa, podremos crear soluciones poderosas, que de verdad transformen.

Los jóvenes están deseando poner su talento a disposición de la sociedad. Pero encuentran muchas dificultades para ello. Están en un momento muy complicado, ahora todavía más con la pandemia, en el que sienten mucha incertidumbre y necesitan una mano que les guíe en el camino. Y que esa mano, después les dé un altavoz para expresar sin miedo y reinventar sus entornos. No podemos volver a perder talento joven como en otras crisis, porque es necesario para impulsar al país y porque se lo merecen. Tenemos en nuestra mano hoy dejar que su talento brille y tenga impacto.

Nuestro granito de arena para esta causa es el proyecto Human Up Ayuntamientos, que estamos promoviendo por diversos municipios, y deseando seguir sumando para que todos los rincones de España puedan dar alas a sus jóvenes y hacer que su voz genere cambios. Descubre más sobre el impacto de esta experiencia en el artículo de la página 40 y 41 de la revista del Ayuntamiento de Torrelodones del mes de enero: https://www.torrelodones.es/comunicacion/revista

Echamos de menos los pinchos de tortilla

El aprendizaje contante es garantía de vitalidad desde la perspectiva del bienestar. Piensa el tiempo que dedicabas en tu infancia a explorar el mundo e incorporar nuevas habilidades y saberes; un niñx quieto durante mucho tiempo puede levantar las alarmas de un posible problema o enfermedad.

En las personas adultas, el pragmatismo nos lleva a ver el aprendizaje constante como garantía de empleabilidad. La probabilidad de quedarse obsoletos no solo es cada vez mayor sino cada vez más rápida.

Si el aprendizaje constante no tiene cuestionamiento en el momento actual, si lo tienen las formas de aprender. ¿Cuáles han sido los resultados de la formación en 2020?, ¿cuánta formación ha tenido que ser aplazada por la pandemia?, ¿cuáles son los niveles de satisfacción de la formación en entorno virtual?, ¿cuál es el pronóstico para el 2021 y en adelante? En el encuentro anual de formadores internos de la empresa Cellnex se pusieron sobre la mesa estas cuestiones y muchos datos.

Paradójicamente, los resultados objetivos de Cellnex nos dicen que la formación ha tenido muy buenos resultados, e incluso, algunos indicadores como la satisfacción han subido, pero se “echan de menos los pinchos de tortilla”.

La expresión fue palmaria cuando uno de los formadores la compartió y numerosas personas la secundaron. Que la formación que tradicionalmente se ha impartido en las empresas es más que transmisión de conocimientos y entrenamiento, ya lo sabíamos. De lo que no éramos tan conscientes es de que los descansos, las comidas, las dinámicas grupales… que en muchas ocasiones las vivimos como un mal necesario para “tomar aire”, son momentos de socialización espontanea para ponerse cara, compartir experiencias, conectar información, etc. y ahora tienen un valor explícito.

El aprendizaje constante es un impulsor que nos lleva a explorar con apertura cualquier experiencia para adquirir nuevos conocimientos y habilidades. El despliegue de los planes de formación en el ejercicio pasado ha sido todo un reto para muchas organizaciones, y como en el caso de Cellnex, se reaccionó muy rápido migrándolo al entorno virtual y se pudo completar con éxito. Pero tenemos que preguntarnos si tal éxito es completo pensando en el futuro.

Nos hemos movido de entorno, de la formación presencial a la virtual, pero ¿hemos aprendido o simplemente hemos replicado el modelo en un escenario diferente? La formación presencial y la virtual tienen numerosas diferencias y las une el objetivo, cualificar. Ahora sabemos explícitamente que la gestión del conocimiento interno necesita los momentos “pincho de tortilla”. Si realmente queremos aprender de esta experiencia, hazte la pregunta ¿qué puedo hacer para que en la formación virtual también encontremos lo que hasta ahora nos daban los pinchos de tortilla?

¿Nos puede pasar algo más?

En medio de una pandemia histórica, llegó Filomena para complicarlo todo un poco más por estos lares. Se aventuraban también inundaciones que luego no fueron tales. Muchos dijeron haber avistado las naves de Star Wars sobre Alcorcón… Y en Dynamis, encontrábamos un hueco para la ilusión, por el comienzo de la octava edición de Factoría. El team building es uno de esos días especiales, más que nunca este año, en el que los participantes seleccionados, por fin, se ponían cara, olor, piel…

Pero no pudo ser: el nevadón afectó a las comunicaciones, hasta el punto de tener que retrasar día tan señalado… Hasta que no quisimos esperar más, y tomamos la madre de todas las decisiones en los últimos meses: hacerlo online, como tantas otras cosas que hemos hecho, con éxito, durante 2020 con esta metodología.

Y sí: fue diferente. No fue lo ideal. Somos seres sociales (la mayoría), y ningún virus, ni inclemencia meteorológica va a cambiar algo que está en la cultura de las sociedades humanas: el contacto físico, la integración de información multisensorial, que se pierde a través de una pantalla. Pero oigan: ni tan mal. Nos reímos como siempre, cumplimos el objetivo de crear una red de confianza, conocimos quién era Radioactive, Dela, o El Inventor. Nos animamos para el próximo encuentro.

Una vez más, fuimos conscientes de que la ilusión, las ganas de disfrutar de una experiencia, y de ser partícipe de ella, son mucho más importantes que las circunstancias. Soy el primero que huyo de los mensajes fáciles de las tazas de desayuno: “si quieres, puedes”. No: no es tan sencillo. La circunstancia también juega el partido, y negarla es engañarse a uno mismo. Pero el talante, la disposición del ser humano para afrontar la realidad con espíritu positivo, incluso estando triste, buscando la forma de aprender y disfrutar todo lo posible, realmente pueden marcar la diferencia entre la libertad y la dependencia. Les recomiendo Soul, la última película de Pixar.

La incertidumbre y las dificultades que vivimos, no son nuevas. “¿Nos puede pasar algo más?”, escuchas en la calle. Pues sí: pueden pasar muchísimas cosas más, muy malas, como un somerísimo análisis de la historia demuestra. También pueden pasar, y de hecho pasan cada día, cosas muy buenas, que nunca pasaron anteriormente, gracias en parte a los avances científicos y tecnológicos. Una vez más: la cuestión no es lo que va a ocurrir (no depende por completo de nosotros), sino lo que vamos a hacer (esto sí). No pasa nada por estar tristes, por quejarnos un poco, por sentarnos en el sofá bajo la mantita, a ver si escampa. Pero busquemos la forma de vivir el presente con espíritu de aprendizaje, queriendo estar bien de verdad con nosotros mismos y con la gente que nos rodea. Hagamos algo al respecto. Busquemos la forma de ilusionarnos con el futuro. Pidamos ayuda.

El camino del voluntariado

Muchos  jóvenes al terminar la vida académica reglada se encuentran con la  tesitura de decidir, ¿cuál será mi siguiente paso? ¿Qué hago ahora?

Hay varias posibilidades y cada persona encuentra un camino diferente. Una de las opciones que se puede tomar es la decisión de hacer algún voluntariado, no solo como “gap year” antes de empezar la universidad o la formación profesional sino también como posibilidad de continuarlo a lo largo de la carrera académica.

Luis A. Aranguren Gonzalo, Coordinador del Programa de Voluntariado de Caritas Española nos propone tres elementos que conforman la experiencia nuclear del voluntariado:

  • Éxodo: Es preciso salir de la propia casa, de la mentalidad milimétricamente amueblada, de los esquemas previos, de los prejuicios; salir y fiarse de que lo que viene es bueno, que finalmente convendrá porque lo desconocido en las periferias del dolor alumbra buenas dosis de humanización.
  • Dejarse tocar por el otro: desde el silencio, la queja, la protesta, la reciprocidad, el encuentro que despierta mil inseguridades y alguna que otra vinculación profunda. Es el momento de quedarse con el otro, de modo responsable, acompañando al que sufre. Es el encuentro cara a cara, el estar, que ni pide activismos ni admite suplencias.
  • Determinación: para embarcarse, con otros, en un proceso de acción colectiva que haga justicia a los más débiles. Al momento del quedarse como conmoción le sigue el quedarse como conversión, lo que significa establecer vínculos de proyecto compartido. No es un quedarse para estar solamente, sino un quedarse para salir juntos y participar de un destino común.

Un voluntariado es una oportunidad, para conocer otras realidades, ampliar la mirada hacia tu entorno más próximo a entornos o realidades diversas de las cuales no sabías mucho antes. Descubres muchas cosas de ti mismo si te das la oportunidad de “mojarte” con la experiencia, hacerte preguntas.

A modo más personal una de las cosas que no me esperaba al hacer un voluntariado fue que me di cuenta del impacto que tenían mis acciones en las demás personas, como el mover pequeñas piececitas y pensar desde lo que necesita la persona en ese momento, podía llegar a tener un impacto a mi modo de verlo tan grande en los demás porque pequeños actos que van en una dirección que favorece el desarrollo de las personas es asombroso el giro interior que pueden provocar en la persona y en el entorno que la rodea.

Es uno de los momentos que con más cariño recuerdo y que más hondo me han tocado, esa mirada, ese agradecimiento y ese dar y recibir muchísimo más de lo que das.

Los voluntariados no son “para hacer CV”  son para tocar y dejarse tocar, son catalizadores de experiencias, de sensaciones, de emociones, de transformación de uno mismo. No son algo que esté acotado a un ámbito en concreto uno puede ayudar a otro cuando lo ve necesario también en el día a día en lo cotidiano, con paciencia, explicando algo que la persona desconoce, ayudando en las labores del hogar.

¿Recuerdas un momento en el que te hayan ayudado a algo y te haya marcado una gran diferencia?

Esos gestos, los desinteresados, tocan por dentro, nos tocan, emocionan y mueven. ¿Y si tuviéramos un poquito más de eso en nuestro día a día? ¿Cómo cambiaría?

Referencias bibliográficas empleadas:

http://www.pastoraljuvenil.es/el-voluntariado-como-forma-de-participacion-de-los-jovenes/

Encendiendo el talento

Cuando escucho a alguien decir de alguien que “tiene talento”, hay algo que me perturba… De alguna forma, es como si sintiera que se hace una distinción entre personas que lo tienen y personas que no lo tienen.

Tal vez deberíamos aclarar qué entendemos por “talento”, porque es uno de esos conceptos que admiten mil significados. El diccionario de la Real Academia se me queda muy corto esta vez. En primer lugar se indica que talento es “Inteligencia. Capacidad de entender”. Y la segunda: “Aptitud. Capacidad para el desempeño de algo”. Tantísimos libros escritos sobre el tema y la Real Academia lo resuelve con algo tan simple…

O a lo mejor no lo es tanto. Tal vez la Real Academia está dando carácter universal, a algo que suele considerarse “selecto” o al alcance de pocos. Dada esta definición, aún más claro me parece que todos tenemos talento: capacidad de entender y capacidad para el desempeño de algo. El gran reto es encontrar “para qué” tengo talento (pero para eso debería servirme la inteligencia). Y luego cultivarlo, porque si no se cultiva, es muy posible que se marchite con el tiempo.

Hay otra cuestión que me parece importante: hay personas que tienen una gran capacidad para el desempeño de algo, pero ese algo no les gusta. Me acuerdo ahora de Open, la fantástica biografía de André Agassi, el famoso tenista que llegó a ser número 1 del mundo a mediados de los 90, y que odiaba jugar al tenis. Me hace pensar que una persona puede alcanzar fantásticos resultados gracias a su talento, pero si eso no le hace feliz, ¿merece la pena?

Así que sería bueno dar un paso más. Qué os parecería utilizar esa inteligencia que tenemos y buscar esas actividades para las que tengo una capacidad especial para desempeñarlas, y además, fluyo con ellas. De esta forma será mucho más fácil que ese talento se mantenga o crezca con el tiempo, porque tendremos más motivación para alimentarlo.

Estamos en pleno proceso de selección para la octava edición de Factoría, y hemos vuelto a conocer a muchísimos jóvenes que nos recuerdan aquello de que la juventud no es solo futuro, sino presente. O como dice una buena amiga de Dynamis, los jóvenes son el presente de un futuro más decente.

Pero seguimos encontrándonos muchas dudas en los jóvenes sobre los siguientes pasos a dar. Por supuesto la coyuntura no lo facilita: la incertidumbre es mayor que nunca. Pero también creemos que esas dudas pueden estar asociadas a no haber encontrado dentro ese talento que seguro que tienen y con el que puedan ser felices. Pronto elegiremos a los finalistas de este año. Trataremos de ayudarles a encontrar ese talento y hacerlo brillar.

Viviendo en bucle

Buenas, me presento, soy estudiante universitaria de último curso, tengo 22 años y al mismo tiempo estoy realizando las prácticas curriculares.

El otro día una persona muy especial fue capaz de resumir todas mis frustraciones en una única frase: “estamos viviendo para el futuro”. Quizás en primera instancia no refleje con total claridad a lo que me refiero. Sin embargo, tras varias conversaciones con diferentes jóvenes entre 20 y 25 años, me he dado cuenta de que es más común de lo que parece. Posiblemente se deba a la situación que estamos viviendo actualmente, o quizá sea cosa de la edad.

Nos sentimos estancados, como si la vida estuviera en pausa. No significa que no hagamos cosas, pero hay un sentimiento común de no estar disfrutando al 100% de lo que tenemos. Muchos señalan la poca oferta para realizar prácticas laborales, otros la dificultad de encontrar trabajo, la falta de libertad, restricciones sociales, y por consecuencia, la pérdida de ganas. Me sorprendió ver que la mayoría compartía la misma sensación de vivir en un bucle. Siguen formándose, estudiando, esperando… “estamos viviendo para el futuro”. Esta frase no deja de resonar en mi cabeza. Pero ¿y qué podemos hacer? Realmente las razones anteriormente mencionadas, se escapan de las manos de cualquiera. En parte, considero que la principal razón por la que nos sentimos de esta manera se debe a la rápida adaptación a la que nos hemos visto obligados de pasar todo a la vía online. Clases online, teletrabajo, formaciones por ordenador, nos despertamos y no hace falta ni cambiarnos la ropa para empezar el día. Para colmo los días son tan cortos que cuando terminas tu jornada ya ha anochecido. No quiero transmitir una visión negativa sobre la tecnología, todo lo contrario. Sin embargo, acarrea ciertas consecuencias, y claramente esta es una de ellas.

Tras reflexionar y dar vueltas en torno a la misma idea, quería compartir la importancia de cuidar nuestro cerebro. Es muy importante no perder de vista la salud mental de cada uno. El estado de ánimo va de la mano de nuestros pensamientos y maneja nuestros sentimientos y en consecuencia nuestras acciones. Es difícil salir del bucle y por ello debemos trabajar diariamente en nosotros mismos. Ahora más que nunca, es importante llegar a desconectar diariamente de la tecnología durante unas horas, salir de casa, cuidar las relaciones sociales, la alimentación, estar física e intelectualmente activo.

Con pan también se innova

Esta semana, en el programa de Volando Voy, aparecía una historia emocionante. Este espacio, liderado por Jesús Calleja, nace para frenar la despoblación en entornos rurales a través del emprendimiento, atrayendo a jóvenes a estas zonas y mostrando la belleza de los pueblos. Una misión necesaria, urgente, con historias que necesitan ser contadas.

El último capítulo muestra la historia de Endrino, un panadero ya jubilado que llevaba años con la panadería cerrada, la única del increíble pueblo de Segura de la Sierra, que ve como su población baja cada año más. Se le veía conmovido recordando su pasado y preocupado por el presente del pueblo, donde todos los negocios están desapareciendo y el suyo nadie lo había querido retomar.

A través del programa, se lanzó una búsqueda de alguien joven que pudiera hacer el relevo a Endrino, recuperando esa viaja panadería. Entre los que se presentaron estaba Fran, un chico de 24 años que soñaba desde niño con ser panadero. Había dejado de estudiar después de bachiller, porque sentía que el sistema educativo actual no encajaba con él. Pero no se había quedado parado. Había empezado a trabajar, aprendiendo todo lo que podía en diferentes panaderías. Al llegar al pueblo, estaba ilusionado escuchando a cada persona que se encontraba, contando su proyecto de masa madre con cafetería, que quería convertir en referente en la zona, atrayendo a personas de otros pueblos, haciendo que las calles cobrasen vida. La cara de Fran, viendo la panadería terminada, emocionado, sin palabras, lo decía todo.

Cuando pensamos en emprender o innovar, se te viene inmediatamente a la mente las startups tecnológicas o las grandes áreas de innovación. Sin embargo, Fran es el reflejo de la gran mayoría de emprendedores en España, que crean en sectores tradicionales, muchas veces sin los conocimientos y el apoyo que tienen otros campos, pero llenos de ilusión, con humildad, creando de forma sostenible y aportando un enorme valor social en sus comunidades.

Hace unas semanas estuvimos dando formación en mentalidad innovadora para emprendedores en el programa Sherpa de la Confederación de Empresarios de Albacete. Menos dos, el resto emprendían en sectores tradicionales. Al terminar, nos dijeron que nunca pensaron que la innovación podía ser tan asequible de comprender y de integrar en sus empresas, que siempre habían pensado que era para un grupo reducido de personas. Se emocionaban pensando que algo que habían visto siempre como inalcanzable, no lo era.

Es importante entender que hay muchas formas de emprender, de innovar y todas tienen que ser visibilizadas y recibir apoyo. Es necesario mostrar historias diversas para que podamos elegir cómo crear con plena libertad. La innovación debe ser democratizada, extendiendo el impacto para no perdernos por el camino grandes emprendedores como Fran, que llenan de sabor pueblos enteros y que nos demuestran que con pan, también se innova.