Si desapareces, perdemos


Terminamos mayo y se acerca el final del curso y de ciclo en las empresas. También, el final de muchos de los programas que llevamos en Dynamis. Para los universitarios, los exámenes se acumulan y toca prepararlos en el último minuto. Para los profesionales, el cansancio de un curso incierto, donde se han puesto esfuerzos extra, ya pesa demasiado, y hay que apurar a contrarreloj los últimos objetivos de ese plan marcado. A todo esto, le sumamos el calor que empieza y las noticias de vacaciones, que nos recuerdan que ya es hora de tomarse un descanso.

En este escenario, podemos pensar que el camino ya está hecho, que dan igual los últimos kilómetros. O quizás, que somos solo una parte del equipo, que no somos tan importantes, y ya el resto tirará, además tienen más energía y saben lo que hay que hacer. Puede ser, incluso, que el descontrol lleve a no saber en que está cada uno, qué hemos hecho y qué falta por hacer. Si encima sumamos obstáculos, abandonar es lo que toca, ya hemos invertido demasiado esfuerzo, un poco más, a estas alturas, no va a llevarnos a solucionar nada. 

Suele ocurrir entonces, que una o dos personas se cargan la responsabilidad de todo el equipo, mientras otras están prácticamente desaparecidas. Asumen no solo las tareas, también diversos roles que no están cubiertos. Su ilusión por el proyecto les puede llevar a caminar con una carga de más durante un tiempo. Pero llega un punto en el que esas ganas no son suficientes. Los que permanecen ausentes, encerrados en su mundo, olvidan que los proyectos, las relaciones, el aprendizaje, el autocuidado, y cualquier cosa en la vida que merece tiempo, no se mantiene solo, no espera a cuando queramos volver, requiere consistencia. 

Un sistema lo es porque se necesitan todas las partes para funcionar. Si realmente es un buen equipo, cada persona tiene una aportación valiosa. Se pueden equilibrar, pero si solo una está presente de manera continua, inevitablemente el conjunto pierde. La creación es experimentación, y como tal, es un camino de larga distancia, que necesita talentos comprometidos, que se mantengan en el tiempo. Sin olvidarnos de que los lazos que creamos nos ayudan a abordar mejor la incertidumbre que hoy vivimos, al sumar inteligencias, apoyarnos mutuamente y encontrar rumbos con sentido. Si cambiamos constantemente dando tumbos, si desaparecemos pensando que todo está ya hecho, es difícil que podamos construir historias que valgan la pena. 

En estos meses nos llegan personas con las que trabajamos en nuestros programas comunicándonos que se encuentran solas, que su compromiso tiene un límite si otras no ponen de su parte. Al mismo tiempo, vemos como otras están ausentes y por centrarse en un aspecto, olvidan que otros también son importantes. Por eso, en Dynamis consideramos que es crítico desarrollar el compromiso. Algo que no solo observamos nosotros, sino que en una última investigación con empresas que hemos hecho, a las que hemos preguntado por las competencias más demandadas hoy en sus profesionales, nos han contado que, además de habilidades asociadas a la gestión del cambio, les resultaba difícil encontrar personas con esta característica. En la mayoría de ocasiones, no es por desgana, sino por falta de consciencia y herramientas para poder mejorar. Hazte unas preguntas: ¿Qué presencia estás teniendo? ¿Cómo podéis daros mejor? 

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