No hay creatividad sin escucha


En las sesiones de formación, que hacemos con jóvenes y profesionales senior para desarrollar la creatividad, la creencia suele ser que el principio de un proceso de creación es un brainstorming, ponerse a idear. Pero, ¿con qué creamos? A veces olvidamos que creamos con la ”mochila” que tenemos: las conversaciones que hemos tenido, los libros que hemos leído, los lugares a los que hemos viajado, lo que hemos observado por la calle o en el supermercado… Igual que nuestros primeros antepasados creaban con lo que sentían en la naturaleza, lo que habían observado en sus salidas de caza, los ruidos que percibían de animales, que luego plasmaban en sus pinturas en las cuevas. A veces olvidamos que como esos prehistóricos creamos porque somos exploradores. Siempre la creación es posterior a la exploración. Cuanta más rica sea esta, más rica será la primera. Y explorar no deja de ser escuchar.

No nacemos teniendo todas las ideas en nuestra cabeza, nos convertimos en creadores porque aprendemos a escuchar. No puede existir el ingenio sin escucha. Ser permeables a la realidad, conectar con el mundo, nos hace mejorar nuestro potencial creativo. Descubrir nuevas visiones cambia nuestra mirada, y eso a veces da miedo, pero nos sorprende, nos agita, nos abre nuevos mundos de posibilidades que no nos planteábamos, y esto impulsa nuestra imaginación.

La complejidad de escuchar en el mundo en el que vivimos es que requiere un tiempo lento, dilatar el proceso, y eso choca con la inmediatez y una cantidad que nos venden continuamente, una rapidez atropellada que haciendo imposible la escucha, hace también inviable una creación profunda y con sentido. Solemos sentir, en sesiones donde guiamos proyectos creativos en equipo, que esta fase genera incertidumbre y se quiere pasar rápidamente a la siguiente, como si hubiera que ganar una carrera de 100 metros, como Alicia en el País de las Maravillas corriendo sin saber a dónde. Desde Dynamis les enseñamos en este trayecto que escuchar es vivir la incertidumbre como algo apasionante, donde estamos descubriendo lugares desconocidos, donde nos sumergimos para detectar un gran para qué, que de sentido a nuestro movimiento.

Otra barrera es que nos creamos “películas” en nuestra cabeza que explican cómo funciona el mundo, nos aferramos a ellas y no escuchamos, sino que oímos mientras tenemos en mente nuestra respuesta, el final de la historia. Nos condicionan nuestras creencias y prejuicios. Nuestro papel en las formaciones y mentorías es muchas veces liberar de estas ideas preconcebidas para lograr una escucha abierta y consciente. Si sabemos escuchar, hay señales en cualquier rincón, incluso en los gestos, los silencios, las emociones… Escuchar es un desafío, pero solo así podemos abrir la verdadera creatividad.

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