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Sobre la confianza

No digo nada nuevo si afirmo que la confianza es el pilar sobre el que se asientan las relaciones en las que se producen procesos de feedback fluidos y nutritivos. Y tampoco descubro la rueda si digo que la confianza se genera desde la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, desde el cumplimiento de los compromisos y la honestidad.

José María Gasalla, uno de los mayores expertos españoles en el tema y que ha escrito mucho sobre ello, afirma que un comportamiento clave para construir confianza es expresar lo que uno espera del otro, aclarar las expectativas, para evitar que se produzcan frustraciones y, a la postre, desconfianza. La claridad, genera confianza, aunque a veces, esa claridad “duela”.

Por esto que comentamos, en Dynamis creemos mucho en el poder de las dinámicas de team building, al comienzo de las relaciones de un grupo de personas que van a trabajar juntas, o en situaciones de conflicto en las que quizás se ha perdido la confianza.

Son espacios conversacionales muy potentes, que ayudan a las personas a romper el hielo, a saber quién es quién, qué se puede esperar de los demás. En muchos casos hasta se crea una alianza, un conjunto de reglas del juego para el grupo, que al estar diseñado por todos, tiene mayores posibilidades de cumplimiento deseado y no impuesto.

No son las reglas las que generan confianza. Quizás las reglas ayuden a disminuir la incertidumbre o dicho de otra forma, la desconfianza.

Lo que genera confianza son las conversaciones, las declaraciones que se convierten en compromisos y después en comportamientos.

Invertir en confianza es valor seguro: en darla y buscarla. Cuando los equipos están naciendo o fluyen con naturalidad, la confianza permite la generación de más sinergias a partir de una aportación más rica de ideas. Cuando los equipos están en conflicto, permiten la restauración de canales de comunicación que seguramente estén dañados. Y con ello, la expresión y la escucha, a veces dolorosa, que permite la limpieza de la herida y la posterior cicatrización.

¿Cómo es tu jef@?

Si yo te digo…

Inteligente, buen comunicador,  honesto, fiable… ¿quién se te viene a la cabeza?

Piensa, piensa…pueden venir a tu mente imágenes asociadas a amigos y amigas, familiares, compañer@s de trabajo…¿y tú jefe? ¿Lo describen estos calificativos? Si es así, sin duda estás de enhorabuena. 

Un buen jefe, directora o como queramos denominarlo, debe tener entre otras, estas principales características: la inteligencia, la honestidad y una buena capacidad para comunicar.

Sin duda, con estas tres velas, el capitán dirige a su flota con éxito, porque su tripulación sabrá cuál es su papel y sus objetivos y los ejecutará desde la autonomía y la confianza depositada en ellos. Sabrán que todo cuanto se les comunica es veraz y fiable y además tendrán la certeza de que el rumbo marcado es la mejor opción posible tras un exhaustivo análisis de posibilidades, recursos, situación. 

Si quien te dirige es jefa, pensemos en ella en estos términos: ha de ser trabajadora, estar preparada, ser inteligente, dar ejemplo, transmitir y contagiar el orgullo de pertenencia a su equipo y mostrar el mismo o mayor compromiso que exige a sus empleados.

Pero dejando géneros aparte, quizás una de las virtudes que más caracterizan a los buenos jefes es su capacidad y predisposición a la escucha. Esa acción que tanto nos mueve y nos remueve a todos…y es que, ¿a quién no le gusta sentirse escuchad@alguna vez? Si además es tu jefe o jefa quien lo hace, mucho mejor. No sólo por un mero traslado de información, sino porque así se genera un gana gana que a veces se nos olvida, ¿cómo?:

-El jefe descubre una situación, sentimiento, trabajo-El empleado siente su sitio, su momento y comparte su inquietud, emoción, idea…

-El jefe felicita (si procede), el empleado se siente reconocido.

-El jefe analiza y critica constructivamente- el empleado analiza su comportamiento, trabajo, actitud y toma conciencia del error de cara a evitarlo en el futuro.

-El jefe anticipa posibles repercusiones e impactos de la situación descrita e invita a plantear soluciones- El trabajador se siente protagonista y responsable de dar con la solución que hará finalizar con éxito la situación.

-El jefe detecta el talento y ofrece el espacio para trabajarlo- el empleado desarrolla todo su potencial, reforzando sus habilidades y autoestima.

-El jefe genera contextos para crear, compartir y analizar-el empleado toma la iniciativa, piensa en global y aprende de lo ocurrido.

Si en todas las empresas se consiguiera este baile jefe-empleado, aumentaría la productividad, disminuiría el estrés, crecería el compromiso, descenderían las bajas laborales, aumentaría la creatividad…

Si en todas las empresas pensáramos en las personas primero, otro gallo cantaría.