El camino del voluntariado

Muchos  jóvenes al terminar la vida académica reglada se encuentran con la  tesitura de decidir, ¿cuál será mi siguiente paso? ¿Qué hago ahora?

Hay varias posibilidades y cada persona encuentra un camino diferente. Una de las opciones que se puede tomar es la decisión de hacer algún voluntariado, no solo como “gap year” antes de empezar la universidad o la formación profesional sino también como posibilidad de continuarlo a lo largo de la carrera académica.

Luis A. Aranguren Gonzalo, Coordinador del Programa de Voluntariado de Caritas Española nos propone tres elementos que conforman la experiencia nuclear del voluntariado:

  • Éxodo: Es preciso salir de la propia casa, de la mentalidad milimétricamente amueblada, de los esquemas previos, de los prejuicios; salir y fiarse de que lo que viene es bueno, que finalmente convendrá porque lo desconocido en las periferias del dolor alumbra buenas dosis de humanización.
  • Dejarse tocar por el otro: desde el silencio, la queja, la protesta, la reciprocidad, el encuentro que despierta mil inseguridades y alguna que otra vinculación profunda. Es el momento de quedarse con el otro, de modo responsable, acompañando al que sufre. Es el encuentro cara a cara, el estar, que ni pide activismos ni admite suplencias.
  • Determinación: para embarcarse, con otros, en un proceso de acción colectiva que haga justicia a los más débiles. Al momento del quedarse como conmoción le sigue el quedarse como conversión, lo que significa establecer vínculos de proyecto compartido. No es un quedarse para estar solamente, sino un quedarse para salir juntos y participar de un destino común.

Un voluntariado es una oportunidad, para conocer otras realidades, ampliar la mirada hacia tu entorno más próximo a entornos o realidades diversas de las cuales no sabías mucho antes. Descubres muchas cosas de ti mismo si te das la oportunidad de “mojarte” con la experiencia, hacerte preguntas.

A modo más personal una de las cosas que no me esperaba al hacer un voluntariado fue que me di cuenta del impacto que tenían mis acciones en las demás personas, como el mover pequeñas piececitas y pensar desde lo que necesita la persona en ese momento, podía llegar a tener un impacto a mi modo de verlo tan grande en los demás porque pequeños actos que van en una dirección que favorece el desarrollo de las personas es asombroso el giro interior que pueden provocar en la persona y en el entorno que la rodea.

Es uno de los momentos que con más cariño recuerdo y que más hondo me han tocado, esa mirada, ese agradecimiento y ese dar y recibir muchísimo más de lo que das.

Los voluntariados no son “para hacer CV”  son para tocar y dejarse tocar, son catalizadores de experiencias, de sensaciones, de emociones, de transformación de uno mismo. No son algo que esté acotado a un ámbito en concreto uno puede ayudar a otro cuando lo ve necesario también en el día a día en lo cotidiano, con paciencia, explicando algo que la persona desconoce, ayudando en las labores del hogar.

¿Recuerdas un momento en el que te hayan ayudado a algo y te haya marcado una gran diferencia?

Esos gestos, los desinteresados, tocan por dentro, nos tocan, emocionan y mueven. ¿Y si tuviéramos un poquito más de eso en nuestro día a día? ¿Cómo cambiaría?

Referencias bibliográficas empleadas:

http://www.pastoraljuvenil.es/el-voluntariado-como-forma-de-participacion-de-los-jovenes/

Encendiendo el talento

Cuando escucho a alguien decir de alguien que “tiene talento”, hay algo que me perturba… De alguna forma, es como si sintiera que se hace una distinción entre personas que lo tienen y personas que no lo tienen.

Tal vez deberíamos aclarar qué entendemos por “talento”, porque es uno de esos conceptos que admiten mil significados. El diccionario de la Real Academia se me queda muy corto esta vez. En primer lugar se indica que talento es “Inteligencia. Capacidad de entender”. Y la segunda: “Aptitud. Capacidad para el desempeño de algo”. Tantísimos libros escritos sobre el tema y la Real Academia lo resuelve con algo tan simple…

O a lo mejor no lo es tanto. Tal vez la Real Academia está dando carácter universal, a algo que suele considerarse “selecto” o al alcance de pocos. Dada esta definición, aún más claro me parece que todos tenemos talento: capacidad de entender y capacidad para el desempeño de algo. El gran reto es encontrar “para qué” tengo talento (pero para eso debería servirme la inteligencia). Y luego cultivarlo, porque si no se cultiva, es muy posible que se marchite con el tiempo.

Hay otra cuestión que me parece importante: hay personas que tienen una gran capacidad para el desempeño de algo, pero ese algo no les gusta. Me acuerdo ahora de Open, la fantástica biografía de André Agassi, el famoso tenista que llegó a ser número 1 del mundo a mediados de los 90, y que odiaba jugar al tenis. Me hace pensar que una persona puede alcanzar fantásticos resultados gracias a su talento, pero si eso no le hace feliz, ¿merece la pena?

Así que sería bueno dar un paso más. Qué os parecería utilizar esa inteligencia que tenemos y buscar esas actividades para las que tengo una capacidad especial para desempeñarlas, y además, fluyo con ellas. De esta forma será mucho más fácil que ese talento se mantenga o crezca con el tiempo, porque tendremos más motivación para alimentarlo.

Estamos en pleno proceso de selección para la octava edición de Factoría, y hemos vuelto a conocer a muchísimos jóvenes que nos recuerdan aquello de que la juventud no es solo futuro, sino presente. O como dice una buena amiga de Dynamis, los jóvenes son el presente de un futuro más decente.

Pero seguimos encontrándonos muchas dudas en los jóvenes sobre los siguientes pasos a dar. Por supuesto la coyuntura no lo facilita: la incertidumbre es mayor que nunca. Pero también creemos que esas dudas pueden estar asociadas a no haber encontrado dentro ese talento que seguro que tienen y con el que puedan ser felices. Pronto elegiremos a los finalistas de este año. Trataremos de ayudarles a encontrar ese talento y hacerlo brillar.

Viviendo en bucle

Buenas, me presento, soy estudiante universitaria de último curso, tengo 22 años y al mismo tiempo estoy realizando las prácticas curriculares.

El otro día una persona muy especial fue capaz de resumir todas mis frustraciones en una única frase: “estamos viviendo para el futuro”. Quizás en primera instancia no refleje con total claridad a lo que me refiero. Sin embargo, tras varias conversaciones con diferentes jóvenes entre 20 y 25 años, me he dado cuenta de que es más común de lo que parece. Posiblemente se deba a la situación que estamos viviendo actualmente, o quizá sea cosa de la edad.

Nos sentimos estancados, como si la vida estuviera en pausa. No significa que no hagamos cosas, pero hay un sentimiento común de no estar disfrutando al 100% de lo que tenemos. Muchos señalan la poca oferta para realizar prácticas laborales, otros la dificultad de encontrar trabajo, la falta de libertad, restricciones sociales, y por consecuencia, la pérdida de ganas. Me sorprendió ver que la mayoría compartía la misma sensación de vivir en un bucle. Siguen formándose, estudiando, esperando… “estamos viviendo para el futuro”. Esta frase no deja de resonar en mi cabeza. Pero ¿y qué podemos hacer? Realmente las razones anteriormente mencionadas, se escapan de las manos de cualquiera. En parte, considero que la principal razón por la que nos sentimos de esta manera se debe a la rápida adaptación a la que nos hemos visto obligados de pasar todo a la vía online. Clases online, teletrabajo, formaciones por ordenador, nos despertamos y no hace falta ni cambiarnos la ropa para empezar el día. Para colmo los días son tan cortos que cuando terminas tu jornada ya ha anochecido. No quiero transmitir una visión negativa sobre la tecnología, todo lo contrario. Sin embargo, acarrea ciertas consecuencias, y claramente esta es una de ellas.

Tras reflexionar y dar vueltas en torno a la misma idea, quería compartir la importancia de cuidar nuestro cerebro. Es muy importante no perder de vista la salud mental de cada uno. El estado de ánimo va de la mano de nuestros pensamientos y maneja nuestros sentimientos y en consecuencia nuestras acciones. Es difícil salir del bucle y por ello debemos trabajar diariamente en nosotros mismos. Ahora más que nunca, es importante llegar a desconectar diariamente de la tecnología durante unas horas, salir de casa, cuidar las relaciones sociales, la alimentación, estar física e intelectualmente activo.

Con pan también se innova

Esta semana, en el programa de Volando Voy, aparecía una historia emocionante. Este espacio, liderado por Jesús Calleja, nace para frenar la despoblación en entornos rurales a través del emprendimiento, atrayendo a jóvenes a estas zonas y mostrando la belleza de los pueblos. Una misión necesaria, urgente, con historias que necesitan ser contadas.

El último capítulo muestra la historia de Endrino, un panadero ya jubilado que llevaba años con la panadería cerrada, la única del increíble pueblo de Segura de la Sierra, que ve como su población baja cada año más. Se le veía conmovido recordando su pasado y preocupado por el presente del pueblo, donde todos los negocios están desapareciendo y el suyo nadie lo había querido retomar.

A través del programa, se lanzó una búsqueda de alguien joven que pudiera hacer el relevo a Endrino, recuperando esa viaja panadería. Entre los que se presentaron estaba Fran, un chico de 24 años que soñaba desde niño con ser panadero. Había dejado de estudiar después de bachiller, porque sentía que el sistema educativo actual no encajaba con él. Pero no se había quedado parado. Había empezado a trabajar, aprendiendo todo lo que podía en diferentes panaderías. Al llegar al pueblo, estaba ilusionado escuchando a cada persona que se encontraba, contando su proyecto de masa madre con cafetería, que quería convertir en referente en la zona, atrayendo a personas de otros pueblos, haciendo que las calles cobrasen vida. La cara de Fran, viendo la panadería terminada, emocionado, sin palabras, lo decía todo.

Cuando pensamos en emprender o innovar, se te viene inmediatamente a la mente las startups tecnológicas o las grandes áreas de innovación. Sin embargo, Fran es el reflejo de la gran mayoría de emprendedores en España, que crean en sectores tradicionales, muchas veces sin los conocimientos y el apoyo que tienen otros campos, pero llenos de ilusión, con humildad, creando de forma sostenible y aportando un enorme valor social en sus comunidades.

Hace unas semanas estuvimos dando formación en mentalidad innovadora para emprendedores en el programa Sherpa de la Confederación de Empresarios de Albacete. Menos dos, el resto emprendían en sectores tradicionales. Al terminar, nos dijeron que nunca pensaron que la innovación podía ser tan asequible de comprender y de integrar en sus empresas, que siempre habían pensado que era para un grupo reducido de personas. Se emocionaban pensando que algo que habían visto siempre como inalcanzable, no lo era.

Es importante entender que hay muchas formas de emprender, de innovar y todas tienen que ser visibilizadas y recibir apoyo. Es necesario mostrar historias diversas para que podamos elegir cómo crear con plena libertad. La innovación debe ser democratizada, extendiendo el impacto para no perdernos por el camino grandes emprendedores como Fran, que llenan de sabor pueblos enteros y que nos demuestran que con pan, también se innova.

Más plus que positividad

Continuamos ejemplificando los impulsores del talento con ejemplos cercanos. En esta ocasión vamos a hablar de energía +. En primer lugar, vamos a clarificar el término. Mostrar este impulsor implica actuar ante las situaciones de forma constructiva, generando actividad y positividad.

El + que acompaña a energía, indica un plus de energía. ¡Cuidado con confundirlo con el tan utilizado término: positivo! Nosotrxs hemos observado que la positividad sin acción, no es más que un canto engañoso de la realidad. Energía plus es funcionar pensando en la visión o el objetivo sembrando movimiento y bienestar en el camino porque el medio también dirige al fin.

Y en estas están durante la pandemia el equipazo de agentes vendedorxs de la ONCE y todo su equipo de soporte comercial con “Mi día”.

Retrocedamos en el tiempo unos meses, los meses del confinamiento. La red de agentes comerciales de la ONCE se queda varada. Pero volvemos a salir a la calle y hay que ponerse en marcha con la ilusión de todos los días. Más de 19.000 vendedorxs, con reubicaciones de zonas por la vulnerabilidad médica o por cambios en el entorno, retornan a las calles. Y regresan con un nuevo producto: Mi día, donde el despiste se convierte en suerte. https://www.youtube.com/watch?v=PeQvYoJcT_E&has_verified=1

No es fácil para la ONCE diseñar un nuevo producto, formar y movilizar a toda la red comercial en tiempo record, y todo esto con las cortapisas de la pandemia, pero hay que seguir generando actividad con una sonrisa que genere una buena experiencia de compra. El propio producto apela a las fechas emblemáticas que todxs tenemos, esas fechas que dejan una marca emocional especialmente afectiva y emocionante. Energía + es un impulsor que está en el ADN de esta organización desde siempre y en el momento actual les ha vuelto a acompañar.

Energía plus les impulsa a buscar la oportunidad allí donde pueden, incluso como hace el propio anuncio de la campaña, sembrando buen clima ante las situaciones difíciles. Cualquier vendedxr de la ONCE sabe que este es parte de su trabajo.

¿Te has imaginado alguna vez como vendedxr de la ONCE? Hazlo, tal vez te lleves una bonita reflexión…

¿Existe el bien común?

El bien común es un concepto que surge en el marco de un proyecto económico abierto a las empresas y promovido por el economista austríaco Christian Felber que pretende implantar y desarrollar una verdadera economía sostenible y alternativa a los mercados financieros en la que necesariamente tienen que participar las empresas.

La oportunidad de participar en los últimos meses en un proyecto colaborativo basado en los principios de la economía del bien común, me han hecho pensar en el sentido de este tipo de modelos de participación ciudadana, máxime en un tiempo como el que vivimos.

No hay forma de entender estos modelos sin valores como la generosidad, la disposición a aprender o el compromiso. Este último, en un doble sentido: el compromiso con la sociedad, que nos invita a salir de nuestra burbuja. Y el compromiso con nosotros mismos, integrando en nuestra agenda una actividad que se sale de los cánones de la más pura economía financiera, en la que el tiempo se invierte solo si es rentable.

Por ser estos los valores que subyacen, es fácil encontrar en estos modelos colaborativos a personas especiales, de las que amplían tu mirada y te ayudan a dar luz a las flores que hay en los bordes del camino, fuera de él.

Pienso, eso sí, lo complejo que es embarcarse en uno de estos proyectos, que exige una renuncia a los intereses individuales en tanto no están supeditados a los objetivos comunes. En un mundo en el que demasiada gente considera que todo está bien cuando se gana, pero perder se lleva fatal, los valores del bien común encajan con dificultad.

Pero es que además, no me parece sencillo definir qué es eso del bien común, y es de lo que considero que hay que partir. Ese grupo de personas solidarias han de empezar definiendo cuál es el ámbito de influencia en el que desean actuar, y qué significa exactamente para ellas bien común. En caso contrario, es fácil que la utopía, en lugar de potenciar el movimiento, lo frene.

Y luego está el problema de la responsabilidad personal. Este tipo de modelos colaborativos se basan en la predisposición de las personas a dar sin esperar nada a cambio. ¿O no? ¿O siempre que se da, se espera al menos un equilibrio en la ecuación entre dar y recibir de quien participa? Es difícil responder a esta pregunta en profundidad, porque algunas expectativas pueden operar a nivel inconsciente.

La solución que abordan los equipos para responder al dilema del compromiso altruista, es hablar claro: “yo puedo entregar esto, y espero esto de vosotros”. Pero en mi opinión, no es suficiente. Creo que nadie, salvo cada uno, puede valorar de verdad si debe participar en una actividad de estas características, leyendo si la relación entre lo que se da y lo que se recibe, está equilibrada en el grupo. Y tomar decisiones proactivas, sin necesidad de normas y requisitos, que chocan contra la filosofía del modelo.

Nadando en filtros burbuja

Empieza la mañana. Ponemos Spotify mientras nos duchamos, escuchando nuestra lista de canciones recomendadas. Desayunando vemos las noticias en la tele, programada en nuestro canal favorito. De camino al trabajo escuchamos opiniones en la emisora de radio de cada día. Antes de empezar a trabajar vamos seleccionando publicaciones en Instagram para ponernos al día. En un rato que tenemos libre, nos metemos en Amazon para ver las últimas novedades de nuestros vendedores preferidos. Por la noche, abrimos la aplicación de comida para llevar y elegimos entre nuestra lista personalizada de restaurantes. Al llegar a casa, sofá y dejar que Netflix nos recomiende la nueva serie de moda en base a nuestros gustos. Pulsamos, mañana será otro día.

Desde que te levantas hasta que te acuestas te personalizan cada paso, te lo pintan con una alfombra a tu medida, no necesitas hacer esfuerzo al tener que elegir entre millones de opciones, deciden por ti. Solo recibes lo que realmente te interesa, haciéndote la vida más cómoda, un traje a medida. Una personalización que es todo un alivio en un mundo lleno de información, un mundo donde las decisiones a tomar a diario son infinitas.

Pero, espera…¿Quién decide lo que ves, oyes, opinas, comes y vistes? ¿Quién te hace las listas con las que vives? ¿Eres tú o son los filtros? Filtros burbuja, donde solo llega aquello que encaja con nuestra forma de vida. Pero al igual que como sociedad hemos sido capaces de crear estos maravillosos algoritmos que nos facilitan la vida, también tenemos defectos, como el sesgo de confirmación que hace que demos la razón a aquello que refuerza nuestra visión del mundo.

Buscamos personas completamente afines y al conversar solo en ciertos grupos vamos adoptando una posición cada día más extrema. Nos distanciamos por completo de otras burbujas, a las que juzgamos de tener la culpa de todo lo que ocurre en el mar. Terminamos actuando en base a la reducida parcela que se adapta a la versión que tenemos de la realidad, blanca o negra. Es muy posible que con un trozo del mapa, cortado por nuestra parte favorita, en base a lo que hemos visto en otras ciudades, no lleguemos a conocer nunca la ciudad. Cabe preguntarse si somos libres cuando solo hemos visto una burbuja, o si la libertad consiste en decidir la opción preferida una vez hemos visto un mundo amplio.

Esto influye en la forma de vivir, de crear, de ser. Tocar la puerta de otras burbujas da mucho miedo, porque cuestionan nuestra manera de entender el mundo. Pero es importante recordar que creamos lo que somos, y es imposible crear con valor si no tenemos una mochila diversa. Una mochila que se crea caminando por los trazados que no están marcados en las guías. Una mochila que llene de color un mundo pintado en blanco y negro. La riqueza está en la interconexiones y para ello tenemos que descubrir burbujas que se salgan de nuestros filtros, que rompan nuestros esquemas. Aunque al principio duela, perder un poco el equilibrio es necesario para ser libres.

Puerta a la vida profesional

Las prácticas son algo esencial que nos permite comenzar a entrar en el mundo profesional y por otro lado suele tener el componente de “red de seguridad” es una oportunidad para poner en práctica lo aprendido teóricamente, conocer el mundo laboral y conocerse a uno mismo.

A lo largo de la carrera o formación llega el momento de escoger prácticas. Aún recuerdo hablar con mi jefa de estudios y oírle decir “Pero tú, ¿dónde te ves más? ¿Eres más de aprender observando o haciendo?”.  Hasta ese momento no me había planteado enfocar la búsqueda de prácticas de ese modo. Y es cierto que en ocasiones las sensaciones que tenemos los jóvenes son de duda y ante esas dudas, ¿cómo elegimos unas buenas prácticas? ¿Qué factores son importantes tener en cuenta?

Algunos de los consejos que sería interesante considerar son:

  1. Hablar con personas de la universidad, profesores, orientadores, contrasta opciones. Eso puede ayudarte a recibir información de personas que se mueven en esos círculos y saben aspectos clave a tener en cuenta. Normalmente la universidad o centro te da un listado con centros adscritos para hacer las prácticas, ¿pero y si te buscas tu otras por tu cuenta? En ocasiones sí existe la posibilidad de hacer un convenio con el centro eso te puede facilitar ir más en la dirección en la que quieres a la hora de hacer las prácticas.
  1. Analizar la demanda del mercado laboral, según el sector de profesional que más te interese, según el tipo de trabajo que quieras desempeñar en un futuro.
  2. Considerar las competencias y requisitos, para desempeñar el trabajo adecuadamente, igual no todos, pero es importante que tu perfil se ajuste a la vacante que haya.
  3. Valorar la duración y las condiciones del contrato. ¿Necesitas que sean remuneradas? ¿Durante cuánto tiempo quieres hacerlas? El impacto que puede tener que hayas hecho prácticas en ese sitio en concreto en tu CV.
  4. Considerar aspectos como horarios, tiempo de desplazamiento, en relación a la experiencia profesional, para poder poner todo sobre la balanza a la hora de tomar una decisión.
  5. Obtén información sobre la empresa/sitio: Busca en su página web, habla con otras personas que ya hayan trabajado o estén trabajando allí.

Y por último a modo de recomendación más personal, considerar los valores, la visión y misión que tiene la empresa y ver si están alineados con los tuyos.

Ese aspecto es muy importante, según State Of Employee Engagement, el 38% de los trabajadores a nivel mundial no se sienten que sus valores personales estén alineados por los valores de la compañía para la que trabajan.

¿Por qué es importante considerar esto? Cuando no se conecta con la cultura de la organización es más difícil sentirse comprometido con ella. Afectando en la pérdida de interés en tu trabajos, no siendo tan productivo, los clientes tienden a estar más descontentos…

En definitiva uno no está a gusto cuando los valores que sostiene personalmente y los del sitio en el que trabaja no concuerdan, esto puede generar una sensación de disonancia y malestar en la persona que realiza el trabajo.

Por eso es importante conocerse ¿Cuáles son mis valores? ¿Concuerdan con los del sitio en el que quiero realizar las prácticas? ¿Cómo me sentiré allí trabajando? ¿Cuáles son mis preferencias a la hora de trabajar? ¿Qué es importante para mí que haya en el ambiente laboral?

Y dicho esto, otra clave importante a tener en cuenta es el hecho de observarse en el periodo de prácticas y hablar con tu tutor si ves que te gustaría participar más, aprender cosas de otros ámbitos, probar algo. Ese componente de proactividad en muchas ocasiones puede dar el giro a tus prácticas y hacer que “le saques más el jugo” y en consecuencia aprender más y llevarte más en tu mochila.

Referencias empleadas:

https://officevibe.com/state-employee-engagement

https://www.up-spain.com/blog/la-importancia-de-contratar-empleados-alineados-con-la-cultura-de-la-empresa/

https://www.fp-santagema.es/que-tener-en-cuenta-a-la-hora-de-elegir-una-empresa-para-realizar-las-practicas/

¿Parada o reto?

La situación económica actual nos está retratando a todxs. Muchos hemos aprendido personalmente, también en nuestra faceta profesional o académica, que nuestro ámbito de influencia es bastante menor del que imaginábamos. Nos hemos topado con una cura de humildad evidente.

Somos importantes en nuestros entornos, tanto como todxs los demás con los que los compartimos. Si yo doy un paso, lxs demás reciben mi acción; si otrxs lo dan, yo recibo la de ellxs. Y esto es una danza continua; la interdependencia se ha hecho evidente de manera muy vívida.

Ante esta situación, algunas personas se han decantado por una sensación de falta de control tan absoluta que han decidido detenerse, esperando a que pase esta situación, para volver a ponerse en marcha cuando regrese la “normalidad”. Es una opción… Otras, se han movilizado gracias a lo que denominamos en Dynamis, el impulsor reto constante.

¿Cómo actúa este impulsor? Enfoca nuestra energía a buscar la mejora constante utilizando como referencia la propia experiencia. Lo mejor para describirlo es utilizar un ejemplo real; queremos compartir el de Soundline.

Soundline es una empresa que se dedica a la producción técnica de eventos, congresos y espectáculos. Como a muchas empresas, especialmente las dedicadas a eventos masivos, la parada económica generada por la pandemia les impactó con fuerza. ¿Qué hicieron?

Tomando conciencia del ámbito de influencia que tenían, se pusieron a idear nuevos servicios. No era cuestión de parar sino de buscar la mejora con independencia de que otras empresas del sector hubieran decidido “echar el cierre”. Soundline quería seguir ofreciendo servicios a sus clientes, aunque eso supusiera explorar vías con alta incertidumbre.    

En este enlace, tenéis la iniciativa que han puesto en marcha. El reto constante les ha llevado a seguir activos, innovar y ofrecer valor en su entorno ante una situación poco favorable. https://vimeo.com/462992725/9c7a7c0e8e

El impulsor reto constante nos lleva a aprovechar al máximo nuestro espacio de actuación, sin desgastarse en batallas perdidas, enfocándose en lo que depende de nosotrxs. Trabajando por nuestra empleabilidad presente y futura. ¿Tú qué opción has elegido?

Contra la juventud

Releo estos días Contra la juventud, el libro de Pablo D’Ors que cuenta la aventura de un aspirante a escritor llamado Eugen, en la sorprendente Praga tan fría como acogedora, que le ofrece tanto y tan poco de lo que buscaba.

Porque uno que busca, siempre encuentra, pero no siempre encuentra lo que busca. Y esto es algo que puede resultar desesperante. Algunos optan, para evitar esa desesperación, por la estrategia de “dejarse llevar”, sin buscar nada en concreto. Pero ello lleva a menudo a la sensación de estar dando palos de ciego, de recorrer la vida en círculos, y estar cada cierto tiempo en el mismo punto desde el que se empezó.

Como dice una de las máximas del oráculo de Delfos, la clave seguramente se encuentre en no elegir “nada en exceso”. Porque ni tener un puerto claro al que dirigirse es garantía de nada, ni tampoco va a permitirte disfrutar la vida al 100% el “let it be” que cantaban los Beatles.

Eugen sale de Alemania con la esperanza de encontrar en Praga los éxitos que busca. Inicia el camino lleno de energía, sin distinguir la utopía de la realidad. Llega con ganas de comerse el mundo, como tantos y tantos jóvenes que como él, creen que la vida que no se viva en la juventud, ya no se vivirá jamás.

Eugen no se encuentra con el éxito, pero se encuentra con muchas otras cosas. Se encuentra con las dudas, con los vaivenes emocionales, y también con nuevos caminos que ni siquiera imaginaba que existían. Gracias a esos encuentros inesperados, descubre muchas facetas de su ser que desconocía.

Y esa es, en nuestra opinión, el gran motivo por el que el movimiento, la búsqueda, es la estrategia adecuada para desarrollarse como individuo. Porque aunque nunca encuentres lo que busques, siempre encontrarás algo. Y en esos encuentros, surgirán preguntas, no siempre fáciles. Surgirán ideas, no siempre válidas. Surgirán emociones, no siempre dulces. Pero serán tuyas. Y te harán más fácil descubrir de qué trata la vida.