¿Parada o reto?

La situación económica actual nos está retratando a todxs. Muchos hemos aprendido personalmente, también en nuestra faceta profesional o académica, que nuestro ámbito de influencia es bastante menor del que imaginábamos. Nos hemos topado con una cura de humildad evidente.

Somos importantes en nuestros entornos, tanto como todxs los demás con los que los compartimos. Si yo doy un paso, lxs demás reciben mi acción; si otrxs lo dan, yo recibo la de ellxs. Y esto es una danza continua; la interdependencia se ha hecho evidente de manera muy vívida.

Ante esta situación, algunas personas se han decantado por una sensación de falta de control tan absoluta que han decidido detenerse, esperando a que pase esta situación, para volver a ponerse en marcha cuando regrese la “normalidad”. Es una opción… Otras, se han movilizado gracias a lo que denominamos en Dynamis, el impulsor reto constante.

¿Cómo actúa este impulsor? Enfoca nuestra energía a buscar la mejora constante utilizando como referencia la propia experiencia. Lo mejor para describirlo es utilizar un ejemplo real; queremos compartir el de Soundline.

Soundline es una empresa que se dedica a la producción técnica de eventos, congresos y espectáculos. Como a muchas empresas, especialmente las dedicadas a eventos masivos, la parada económica generada por la pandemia les impactó con fuerza. ¿Qué hicieron?

Tomando conciencia del ámbito de influencia que tenían, se pusieron a idear nuevos servicios. No era cuestión de parar sino de buscar la mejora con independencia de que otras empresas del sector hubieran decidido “echar el cierre”. Soundline quería seguir ofreciendo servicios a sus clientes, aunque eso supusiera explorar vías con alta incertidumbre.    

En este enlace, tenéis la iniciativa que han puesto en marcha. El reto constante les ha llevado a seguir activos, innovar y ofrecer valor en su entorno ante una situación poco favorable. https://vimeo.com/462992725/9c7a7c0e8e

El impulsor reto constante nos lleva a aprovechar al máximo nuestro espacio de actuación, sin desgastarse en batallas perdidas, enfocándose en lo que depende de nosotrxs. Trabajando por nuestra empleabilidad presente y futura. ¿Tú qué opción has elegido?

Contra la juventud

Releo estos días Contra la juventud, el libro de Pablo D’Ors que cuenta la aventura de un aspirante a escritor llamado Eugen, en la sorprendente Praga tan fría como acogedora, que le ofrece tanto y tan poco de lo que buscaba.

Porque uno que busca, siempre encuentra, pero no siempre encuentra lo que busca. Y esto es algo que puede resultar desesperante. Algunos optan, para evitar esa desesperación, por la estrategia de “dejarse llevar”, sin buscar nada en concreto. Pero ello lleva a menudo a la sensación de estar dando palos de ciego, de recorrer la vida en círculos, y estar cada cierto tiempo en el mismo punto desde el que se empezó.

Como dice una de las máximas del oráculo de Delfos, la clave seguramente se encuentre en no elegir “nada en exceso”. Porque ni tener un puerto claro al que dirigirse es garantía de nada, ni tampoco va a permitirte disfrutar la vida al 100% el “let it be” que cantaban los Beatles.

Eugen sale de Alemania con la esperanza de encontrar en Praga los éxitos que busca. Inicia el camino lleno de energía, sin distinguir la utopía de la realidad. Llega con ganas de comerse el mundo, como tantos y tantos jóvenes que como él, creen que la vida que no se viva en la juventud, ya no se vivirá jamás.

Eugen no se encuentra con el éxito, pero se encuentra con muchas otras cosas. Se encuentra con las dudas, con los vaivenes emocionales, y también con nuevos caminos que ni siquiera imaginaba que existían. Gracias a esos encuentros inesperados, descubre muchas facetas de su ser que desconocía.

Y esa es, en nuestra opinión, el gran motivo por el que el movimiento, la búsqueda, es la estrategia adecuada para desarrollarse como individuo. Porque aunque nunca encuentres lo que busques, siempre encontrarás algo. Y en esos encuentros, surgirán preguntas, no siempre fáciles. Surgirán ideas, no siempre válidas. Surgirán emociones, no siempre dulces. Pero serán tuyas. Y te harán más fácil descubrir de qué trata la vida.

El futuro se cuida hoy

No es novedad decir que estamos viviendo un periodo difícil. En los últimos meses miles de comercios se han visto obligados a cerrar sus puertas, las plantillas de trabajadores están siendo reducidas y un gran número de estudiantes están encontrando grandes trabas a la hora de encontrar convenios de prácticas. Sin embargo, ¿qué pasa con los jóvenes recién graduados, en paro, invadidos por la incertidumbre de saber cuándo podrán progresar con su vida?

Tal y como señala el Instituto Nacional de Estadística (INE), la crisis actual del COVID-19 está arrasando con la destrucción del empleo juvenil, en especial con los jóvenes entre 20 y 29 años. Estos datos ponen la piel de gallina a cualquiera. El miedo es certero, puesto que cuando la situación económica se levante de nuevo, estarán entrando al mercado laboral nuevos jóvenes, posiblemente con un expediente más atractivo para las empresas y el conocimiento más fresco. Entonces, ¿debemos entender que se ha tratado de mala suerte y que esta generación veinteañera está destinada al fracaso para siempre?

Actualmente solo el 37% de los jóvenes españoles tiene esperanza de lograr un ascenso profesional de aquí a cinco años. Este pesimismo es consecuencia del contexto económico en el que han vivido, ya que no debemos olvidar que es la generación de la doble crisis. Después de la crisis de 2008, parecía que la economía estaría en uno de sus mejores momentos para recibir a las nuevas promociones, sin embargo, la crisis actual ha supuesto retroceso muy significativo en el mercado laboral.

A nosotros esta situación nos conmueve especialmente ya que cada año, a través de Factoría de Talento y Human Up, formamos y nos nutrimos de estudiantes con un talento y un potencial increíble. Somos conscientes de sus capacidades y por ello tememos que se lleguen a desperdiciar. Son el futuro y creemos que es imprescindible cuidar de ellos.

Cerrar para crear

Llega el otoño y no solo hay frío fuera, también dentro. Hay frío en los comercios que han bajado las rejas, en las empresas que funcionan a medio gas y en los equipos que se mueven con miedo de dar el siguiente paso. Nos preguntamos cuándo se terminará este parón de hibernación que parece no tener final y saldremos a recuperar la velocidad y la cantidad de antes, volviendo a marcar todos los huecos de nuestra agenda, salvando nuestra libertad.

Muchos viven este momento como si fuera una hibernación, un letargo prologando para sobrevivir. Una palabra que viene de “hibernus”, que significa invierno. Pero es curioso, porque hay otra palabra derivada de invierno, que es invernadero, un lugar también cerrado, pero que en lugar de letargo, contiene desarrollo. Un espacio donde las plantas se protegen de la adversidad, pero al contrario que los animales, siguen creciendo, incluso más que fuera.

Parece que cuando las cosas se ponen mal, cuando hay frío fuera, solo podemos hibernar, quedarnos quietos, quejándonos del invierno y haciendo lo mínimo para sobrevivir. Hemos olvidado que en lo cerrado, como en esos invernaderos, también puede haber desarrollo. El tiempo de recogerse puede ser tiempo para crecer. Podemos avanzar, no en cantidad, ni en velocidad, sino en reflexión y cuidado. Entre el blanco y el negro de la vida sedentaria o el nomadismo frenético, hay otros colores valiosos. Dentro, con todo cerrado y la chimenea encendida, podemos leer, observar, conversar, regalándonos pensamiento, cuestionamiento y empatía. Podemos movernos, aún sin cambiar de sitio.  

Este momento en el que todo se ralentiza, es ideal para dedicar tiempo a repensar el camino con más sentido. La reflexión necesita tiempo, poco ruido y quietud, y qué mejor contexto que este. Una reflexión que nos lleve a cuestionar lo que todos hacen a gran velocidad, para interpretar y discernir el verdadero valor. No podemos ser innovadores si no aprendemos a mirar, y eso significa tomarse tiempo para dudar, analizar, empatizar. Tenemos que desarrollar el paladar para poder crear y esto requiere aprender con tiempo a saborear.

Una café con un cliente para entender mejor sus necesidades, una jornada de ideación con personas externas para traer nuevas miradas, unas horas de dinámicas para cohesionar más fuerte al equipo, una formación interna para aprender a observar el entorno… no será perder el tiempo, sino ganarlo. Tiempo imprescindible para crear luego de forma rica. En la quietud de estas actividades, como en los invernaderos, también hay movimiento. De hecho, la creatividad se alimenta de la quietud para poder mirar diferente.

Ser porosxs ante la muerte

“Socialmente no estamos preparados para la muerte”, esta es una de las frases que os animamos a escuchar en este podcast. Un podcast que ha hecho para RTVE una empresa funeraria, Mémora, con la que llevamos muchos años desarrollando buenas prácticas de gestión emocional.

Muchxs de vosotrxs nos habéis oído hablar del impulsor porosidad. Ese impulsor que nos permite estar conectado con el mundo, mostrando sensibilidad para sentirlo, comprenderlo y describirlo. El momento que estamos viviendo ha puesto en valor este impulsor y ha hecho evidente que los profesionales que destacan en su porosidad han liderado con más acierto la situación actual.

Es frecuente oír expresiones como me siento cansadx; tengo dificultades de concentración; echo horas sin límite y el trabajo se expande ilimitadamente, no sé discriminar las prioridades; tanta incertidumbre me genera ansiedad; soy una montaña rusa emocional, etc. Numerosas emociones desagradables que no sabemos cómo gestionar, y muchxs, ni siquiera expresar.

¿Por qué ocurre esto? Porque todavía somos torpes en poner nombre a lo que sentimos y gestionarlo de forma adaptativa individual y colectivamente, y la crisis sanitaria nos ha encontrado poco competentes. ¿Cómo conseguir ser productivxs en un entorno donde las emociones que sentimos nos están sacando de la zona de confort?

Las personas que destacan en porosidad expresan lo que sienten y generan espacios para que otros lo hagan, en lo agradable y lo desagradable; enseñan buenas prácticas de autocuidado, de objetivación de las situaciones y de conocimiento de unx mismx. Una buena práctica muy sencilla de implantar es abrir las reuniones semanales compartiendo cómo estamos; requiere pocos minutos y genera un espacio de seguridad e información valioso para tdxs.    

Hemos dado la espalda a las emociones durante algunas generaciones, igual que lo hemos hecho con la muerte y las múltiples emociones que genera, como si dándole la espalda dejara de existir. Ahora ha llegado el momento de prestar atención a un terreno ignoto para muchxs y que nos hará más competentes si aprendemos. Escuchar este podcast puede ser un primer paso de conocer un momento de la verdad que está muy presente en estos momentos, por el que todxs pasaremos. Conocerlo nos hará más porosxs.

Los jóvenes y el empleo

Según Eurostat, la Oficina Estadística de la Unión Europea, la tasa de desempleo juvenil en julio era del 41,7% en España. La más alta en Europa, casi 2,5 veces por encima de la media. Alemania tiene un 5,7%. Francia, el 19,7%. La energía que podamos dedicar a buscar culpables es energía perdida. Posiblemente haya múltiples causas, de las cuales de alguna manera todos somos en cierto modo responsables. La política, el empresariado, la propia juventud… Lo cierto es que no somos capaces como sociedad de resolver este puzle que tiene muchas consecuencias para el presente, y por supuesto, para el futuro. Hay algunas consecuencias muy visibles: por ejemplo la dificultad de nuestros hijos e hijas para emanciparse, para construir su propio destino, más allá del nido en el que se criaron. Hay otras menos visibles y acaso aún más graves: ¿cómo resolver el reto de desarrollar tu propia identidad personal, de descubrir quién eres y quién quieres ser, en un escenario en el que falta autonomía para decidir?

No es sencillo encontrar soluciones. Esta cifra de desempleo, se une al escaso interés por emprender de nuestro jóvenes (quizás tampoco se lo ponemos fácil), y unas cifras que siguen preocupando sobre abandono escolar. También cojeamos en idiomas. Falta un poco de todo, lo cual es también una oportunidad para poner en marcha muchas iniciativas de diverso tipo. Hay cuestiones de tipo estructural que deberían resolver los poderes públicos.

Pero además, está la actitud individual de cada joven. Su forma de enfocar la situación. Su disposición a desarrollar un pensamiento crítico y propio para tomar decisiones. La titulitis con la que muchos siguen funcionando como paradigma, es cosa del siglo pasado, es decir, de la Edad Media. Para encontrar un empleo, no es suficiente (y no siempre es necesario) un curriculum plagado de diplomas. Hay muchos puestos de trabajo que las empresas tienen dificultades para cubrir. La formación profesional no es necesariamente el tren al que se suben los malos estudiantes, o los que no saben qué estudiar. Faltan muchas personas que den respuesta a oficios básicos en el mundo en que vivimos. Sí: en el mundo. Porque vivimos en el mundo, en el que España es un pequeño país, y en el que se habla inglés, francés, alemán o chino. La globalización abre las ventanas por las que entran los virus, pero también abre las puertas para quienes están dispuestos a buscar oportunidades allí donde pueden encontrarse.

Todos perseguimos la felicidad. Como parte de lograrla, tener una vida profesional con propósito es importante, pero esta existe en muchísimos jardines. No solo siendo profesor, o médico, o economista, o abogado, o psicólogo, se da respuesta al propósito profesional. Alguien me decía esta semana que en Madrid, hay más abogados que en toda Francia. No sé si será una exageración, pero no andaremos lejos.

Encontrar la solución a este rompecabezas es algo complejísimo, que puede llevar muchísimos años, porque aparte de los problemas estructurales de nuestro mercado laboral o de nuestro sistema educativo, hay paradigmas que sería necesario cambiar en la mentalidad de la sociedad. Y eso es aún más difícil que cambiar el sistema. Identificar por uno mismo quién eres y quién quieres ser y a partir de ahí, definir tu propósito profesional. No considerar una derrota buscar en otros países oportunidades laborales que responden a ese propósito. Identificar “jardines” en los que puede responder a ese propósito y además se necesitan “jardineros”. Y valorar el emprendimiento como una alternativa posible.

En Dynamis seguiremos insistiendo en estos mensajes en todos nuestros programas para jóvenes (Factoría de Talento, Human Up…), y participaremos en todas las iniciativas que se nos presenten para transmitir nuestra visión sobre la necesidad de cambios estructurales. Todos a una, para bajar cuanto antes esas cifras de desempleo juvenil que nos abochornan como sociedad.

Conocer los procesos

Recuperar el sentido del proceso

El calendario del móvil nos avisa de que toca hacer la compra. Entramos en la web del supermercado de siempre, seleccionamos nuestro carrito guardado con la lista de cada mes y pinchamos en comprar. No necesitamos ni meter nuestra tarjeta y dirección, ya está todo almacenado. En unas horas llaman a la puerta. ¡Lista!

Una escena que se repite en millones de hogares en todo el mundo. Dos clicks y tengo todo lo que necesito ahora en la puerta de mi casa sin tener que desplazarme. Muchas veces, ya cocinado, para meter al microondas, que no hay tiempo.

Es interesante preguntarnos cómo ha cambiado esto nuestra mentalidad y qué implicaciones puede tener en la forma en la experimentamos el mundo. Para ello, siempre es muy revelador reflexionar sobre cómo perciben el mundo los niños. Pongamos dos escenarios: por un lado, un niño de una gran ciudad con una familia que compra por internet; por otro, un niño de un pueblo rural con huerto y granja.

Lo más inmediato que te vendrá a la cabeza es la facilidad y rapidez que el primero asocia siempre al momento de hacer la compra. También pensará que el móvil es un mundo enorme de posibilidades, donde tiene acceso a todo tipo de información y puede comprar todo lo que quiera. El segundo, por el contrario, puede que ni siquiera asocie a este momento el verbo “comprar”. Quizás, en su vocabulario aparecen más fácilmente otros, como sembrar, cultivar, recolectar, ordeñar, fermentar, madurar… Tendrá grabados muchos pasos, un gran camino, hasta llegar a comer.

Esto último es especialmente relevante. Una gran diferencia es que el segundo niño ve un proceso largo, reflejado en un rico vocabulario de verbos enlazados. El otro, practicante ve un automatismo, resumido en un solo verbo: comprar. Si le preguntas al segundo de dónde viene la leche, puede que se quede parado y te diga que del envase de cartón; o al menos, le costará mucho visualizar el recorrido. Tiene mucha más información que el primero en la palma de su mano, pero menos comprensión.

Experimentar la vida como un proceso no solo es crítico para entender ese momento, sino que afecta a nuestra mentalidad global. Si destruimos el sentido de proceso, transmitiremos un peligroso mensaje de que las cosas simplemente “ocurren”.  Con ello, daremos lugar a adultos que no se preguntan por su origen, cómo se hacen y cómo se mejoran. Sin embargo, creando una apreciación del tiempo y del trabajo que implica el proceso, abriremos la puerta a desarrollar el espíritu creativo, pues solo se puede ser innovador cuando se conoce la complejidad y belleza de los procesos.

Lo esencial, no es observar estos dos escenarios como antagónicos, sino entender la importancia de enriquecer la mentalidad, observando el mundo de forma amplia. Llevar al niño de ciudad al campo, a conocer el proceso que hay detrás de lo que come. Además, aplicarlo en otros escenarios como la empresa. En nuestro proyecto, Human Up, enseñamos a los equipos a comprender los procesos, desmenuzarlos, volverlos a armar de forma diferente, observarlos desde fuera, cuestionándose las mejoras y creando así, talento innovador. Un talento que disfrute de las curvas del proceso.

Las personas al principio. Siempre

Demasiadas veces las personas al final o no…

En este momento la página web del crowdfunding me dice: proyecto DESTACADO, 83% conseguido, quedan 4 días, 119 contribuidorxs. En este orden. Tal y como solemos ordenar las cosas, sobre todo si utilizamos el lenguaje empresarial. Demasiadas veces, las personas al final…

En Dynamis somos diferentes, nos encanta “darle la vuelta” a todo. ¿Qué es más importante: conseguir el objetivo, ver los apoyos a Factoría? Somos unos convencidxs de que lo cualitativo nos llevará a lo cuantitativo, es decir, que tan maño respaldo, nos hará ver realidad a la Edición 8 de Factoría. ¿Cómo abandonar un proyecto que ha conseguido el apoyo explícito de 118 personas?

Habrá personas que se reirán de la cifra acostumbrados a trabajar con datos seguidos como mínimo de 3 ceros. A nosotrxs nos hincha el corazón de agradecimiento y nos anima a seguir izando las velas en el viento favorable, y a zafarnos en la bodega en el desfavorable,  aprovechando para idear nuevas cosas.

Sin saber el resultado, nos gustaría compartir con vosotrxs la aventura que está suponiendo el crowdfunding. Emocionalmente ha sido una montaña rusa de subidas y bajadas; de intensos mensajes, como son lxs jóvenes de Factoría y de Human; de aprender lo que es la economía colaborativa; de testar con nuestros “usuarios” el producto. El camino está siendo una primera aventura muy estimulante y los resultados ya han llegado en forma de respaldo a lo largo de estas semanas.

Cuando pusimos en marcha Factoría, salimos convencidos de que era una buena iniciativa y de que si una comunidad de personas se alineaba en torno a ella, sería realidad. Hoy, 8 años después, seguimos reiterando la misma idea fuerza: las personas podemos hacer “magia” cuando nos aliamos en torno a un propósito.

Los datos de la crisis actual, la sanitaria y la económica, nos dicen que el colectivo de jóvenes es uno de los que más ha sufrido en el confinamiento y su futuro, que ya era incierto, lo va a ser más en los próximos años. Van a necesitar mucha seguridad en sí mismxs como generación para poder tener la oportunidad de contribuir a su mundo como la tuvimos las generaciones anteriores. Tal vez, ha llegado el momento de poner a las personas en el primer lugar, y ordenar de forma diferente.

¿Te animas? https://es.ulule.com/factoriatalento/      

 

 

 

 

Y tú, ¿qué llevas en la mochila?

En la mochila

Como tantas otras veces, la vida nos pone pruebas para que no nos aburramos más de la cuenta. Esta ha sido dura. O lo está siendo. O la va a ser. Las emociones negativas han encontrado muchos sitios para pasear con las calles vacías: la tristeza sin duda, tanto mayor cuanto más cerca ha estado el bicho de nuestros seres queridos. El miedo, por el desconocimiento del virus, por la inexistencia de vacuna, por la incertidumbre de lo que está por venir. También  ha encontrado su hueco la ira, vinculada a la incomprensión, a las subidas de tono de los que salen en la tele. Quizás también a la impotencia.

¡Qué pequeñxs nos hace la sensación de impotencia! ¡Qué peligroso el círculo vicioso que se genera, por el cual estas emociones negativas  nos llevan a comportamientos como la búsqueda de culpables, la queja permanente. O a meternos debajo de la cama hasta que pase el temporal. Comportamientos comprensibles en todo caso, sin duda. Pero poco empoderadores.

Porque como también muchxs personas han descubierto a lo largo de estos meses, tenemos una cantidad ingente de recursos en la mochila para dar respuesta a las coyunturas que se generan a lo largo de la vida. Recursos de los que no somos conscientes, en gran medida porque no abrimos la mochila para ver lo que hay en ella. Y no la abrimos, porque no salimos de excursión. No acostumbramos a caminar la vida por lugares desconocidos o mal iluminados. Y por ello muchos de los recursos de los que disponemos, no aparecen. Algunos de ellos, se oxidan o caducan.

Las crisis son oportunidades para abrir la mochila, y descubrir lo que cada uno tenemos, que es mucho. Aunque nos quejamos a veces de la educación, lo cierto es que cualquier persona ha entrenado miles de situaciones a las que dar respuesta en su infancia, adolescencia, juventud. En realidad,  sabemos cómo responder a la incertidumbre, al cambio. Sabemos lidiar con el miedo, la tristeza, la ira. Solo hay que abrir la mochila. Pero para que tenga sentido abrirla, hay que salir más de excursión.

Como muchos talents de Factoría han descubierto en estos meses, generar “crisis” constantes, saliendo de la zona de confort camino de la zona de descubrimiento, nos da seguridad. Nos hace más libres.

 

Lo que hago es vivir y lo que soy es vida

Uno de los primeros mensajes que escuché cuando entré en la universidad, y también uno de los últimos, hacía referencia al concepto de vocación. Durante el espacio de tiempo comprendido entre esos dos momentos estuve cinco años preguntándome cuál era mi vocación y la respuesta actual sigue siendo: no lo sé.

Así que voy a aprovechar este espacio para reflexionar sobre la idea de vocación. En un escáner rápido de mis recuerdos no tengo una clara constancia de haber pensado sobre mi vocación hasta que empecé la universidad. En mi infancia, declaraciones como “yo de mayor quiero ser” ya me resultaban complicadas. Durante mi adolescencia el dilema más cercano a la vocación fue el de elegir un itinerario académico: ciencias o letras. Y lo siguiente que recuerdo es bachillerato y un listado de carreras posibles junto a sus notas de corte. Con muy poca reflexión, información y experiencia vital me planté en una carrera universitaria en la que no encontré certezas sobre mi vocación. Y ahora, tras lo que yo considero un trabajo de reflexión e información significativo sigo sin tener certezas sobre ella.

Por otro lado, observo mi entorno y hablo con personas, mayoritariamente jóvenes como yo, que tampoco han definido su vocación y pienso “uff, no soy la única”. Como podéis interpretar no llevo muy bien no saber cuál es mi vocación. Una razón seguro que tiene que ver con mi vivencia de la incertidumbre, pero también creo que hay otra que tiene que ver con los mensajes sobre la vocación que llevo escuchando desde que empecé la universidad y la interpretación que he hecho sobre ellos: la vocación es sinónimo de plenitud vital e irremediablemente conduce al éxito profesional. Me he agarrado a esta definición como si fuera un axioma. Pienso que esto ha sido un error y una importante fuente de angustia.

Hace poco me plantearon la siguiente pregunta. Aviso: lee atentamente. ¿Qué pasaría si lo que eres fuera lo que has venido a hacer a este mundo? Mi respuesta inmediata fue: sentido. Es decir, si yo fuera lo que venido a hacer a este mundo lo que pasaría es que estaría llena de sentido. Sobre lo que soy y sobre lo que he venido a hacer a este mundo… me ha costado llegar a una conclusión, pero curiosamente sí tengo una respuesta, y quizás sea tan evidente, que por ello resulte una respuesta simple, pero para mí no lo es: lo que hago es vivir y lo que soy es vida. Y sobre mi vocación, ¿sabéis qué?, sigo sin saber cuál es y mi vida no ha dejado de tener sentido, aunque a veces mi cabeza llena de “no lo sé” me haya hecho creer que sí.