La intensidad de la porosidad

Hay personas que sienten mucho. Algunas de ellas nos dirían que demasiado. ¿Demasiado para qué? Responderían otras.

La porosidad es un impulsor que nos da la capacidad de conectarnos con el entorno, de sentirlo, comprenderlo y, en muchos casos, describirlo de forma muy clarificadora y diferente. Las personas que destacan en este impulsor tienen una sensibilidad que está por encima de la media e implica una alta intensidad emocional, por eso dicen que sienten demasiado.

Esta sensibilidad tiene una doble cara. La misma porosidad que permite percibir las sutilezas y los cambios constantes, observar y sentir lo que otras no son capaces de ver, e interconectar realidades muy diferentes entre sí, también implica sentirse muy vulnerables en determinados momentos. Como en muchas ocasiones, el talento destacado en un ámbito conlleva también espacios de “oscuridad” de los que es importante tomar conciencia.

¿Cómo gestionan esta realidad personas que destacan en porosidad? Hemos descubierto que muchas de ellas de forma intuitiva dan salida a dicha intensidad a través de la creación artística. Es como si necesitasen canalizar todo lo que entra del entorno en su persona hacia fuera nuevamente y esto lo hacen a través de poesías, videos, danza, canciones, pinturas, fotografías…

En Resa, hemos aprovechado el impulsor porosidad para poner en marcha el proyecto Aprender con arte. Esta iniciativa ha consistido en hacer directos en Instagram en los que compartir la experiencia artística de personas que profesionalmente se dedican a otros ámbitos y que se han hecho visibles con sus creaciones artísticas de forma amateur. Cuando les hemos escuchado, nos hemos preguntado qué fue primero si su potencial creativo o su necesidad de expandir hacia fuera todo lo que sienten.

Estamos viviendo momentos emocionalmente difíciles, cada vez se hace más frecuente hablar de cómo nos sentimos en conversaciones cotidianas, son numerosas las personas que están recurriendo a servicios profesionales para aprender a autogestionarse. Nos sale desde aquí animaros a explorar el potencial creativo que todxs tenemos y crear más allá de la calidad del resultado, como una estrategia de poner conciencia y expresar las emociones. Atrévete a con un folio en blanco, la cámara del móvil, una danza, etc, con aquella acción creativa que te impulse y olvídate de juzgar su resultado.

Examen de septiembre

Hace unos años, septiembre era un mes canalla para muchos estudiantes, que tenían que superar cuentas pendientes del curso anterior, después de un verano con menos cañas de las deseadas con los amigos, con los libros en la maleta y esa incómoda sensación de curso inacabado. Ahora eso ha cambiado, y las cuentas pendientes hay que pagarlas en julio, sudando como en el infierno, pero pudiendo convertir el verano en un oasis entre desierto y desierto, necesario para descansar y cargar las pilas.

Ahora septiembre es como enero, un mes en el que puedes partir con los buenos propósitos, con el reseteo ya hecho, sin mirar atrás ni un poco más de lo necesario. Momento para empezar colecciones, para generar buenos hábitos y ser feliz en el intento. Es como una nueva oportunidad para empezar el viaje limpio y aseado, con la maleta llena y los “quién sabe” en la mente.

Pero cuidado, porque los latinos ya nos pusieron sobre la pista del “tempus fugit”. El tiempo vuela. Aún más, seguramente, en las vidas de quienes vivimos en grandes ciudades y tenemos la agenda llena de cosas. Con razón en Vigo ya han empezado a poner las luces de Navidad, para que no se les pase. Aunque a menudo pensamos que son las acciones las que nos llenan la mochila de aprendizajes y experiencias, son esenciales las pausas en el camino. Para adquirir consciencia. Para revisar la última etapa. Para cuestionar si seguimos o giramos para la siguiente.

Desde Dynamis, os proponemos para este nuevo curso que, a gusto del lector, planifiquéis o improviséis las pausas. Pero que las hagáis. Que os salgáis del río que os lleva, miréis el mapa y reviséis si estáis donde queríais estar, o en caso contrario, qué podéis hacer para no seguir por ese camino de la misma manera. Dando a la expresión “cómo pasa el tiempo” un valor positivo.

Aunque si no lo lográis, tranquilos: dentro de 11 meses, podréis volver a hacer un reseteo.

El oasis del 0% de desempleo

No es la primera vez que se habla en este blog de la preocupación que producen las cifras de desempleo juvenil que tenemos en España, por encima del 40%. Pero luego, como casi siempre, la realidad es paradójica. He aquí que, en este contexto, esta semana estuvimos dando un taller de técnicas de búsqueda de empleo con un colectivo de jóvenes que tienen unas cifras cercanas al 0% de paro. Muchos están trabajando antes de terminar la carrera. Se trataba de estudiantes de ingeniería de sistemas informáticos. Así que les hablábamos de la importancia de hacer un buen curriculum, o enfocar adecuadamente una buena entrevista de selección, y nos miraban que si nos hubiéramos caído de la Luna.

En un entorno de enorme dificultad por la crisis económica y sanitaria, muchas empresas tienen dificultades para cubrir sus necesidades de profesionales con perfiles técnicos, con competencias digitales, para afrontar sus necesidades de negocio. En este pequeño oasis para la juventud, nos atrevimos a decirles al final: vosotros que podéis, sed exigentes con vuestros empleadores. No os dejéis obnubilar por las cantidades astronómicas que se pagan en ciertos casos a los recién egresados que tienen perfiles muy demandados. Sondead todo lo que sea necesario, para encontrar esas oportunidades profesionales que os permitan hacer brillar vuestro talento y que permitan que lo podáis desarrollar.

Quienes tienen posibilidades de escoger empleo, tienen el derecho, y me atrevería que decir que el deber, de impulsar el desarrollo de organizaciones sostenibles, que cuiden a las personas y respondan a sus intereses y motivaciones.

Del mismo modo, las organizaciones tienen el derecho (y el deber) de cuidar sus cuentas de resultados, evitando meterse en espirales insostenibles. Hace unos días, en una entrevista con una directora de Recursos Humanos de una pequeña empresa que cuida de verdad el talento joven, nos hablaba de sus dificultades para retenerlo, por la complejidad para competir con los salarios que se pagan en el sector.

Ojalá, cada vez más, los profesionales que se mueven en ese pequeño oasis en el que la demanda de trabajadores es superior a la oferta, activen el desarrollo de sistemas de trabajo que valoran al talento de una manera holística, reconozcan el esfuerzo de las pequeñas empresas que se esmeran en proporcionarles un entorno de crecimiento y por lo tanto impulsan también al cambio a esas otras empresas que, por velar en exceso por los resultados a corto, desatienden a su capital humano.

La cantidad de ninis aumenta

A lo largo de los últimos meses, se han publicado muchos artículos que hablan sobre cómo se sienten los jóvenes a raíz de la pandemia. Páginas que recogen un marco actual sobre jóvenes con una edad comprendida entre los 18 y 25 años aproximadamente. Es esperanzador saber que a pesar de los momentos tan difíciles que nos está tocando vivir, a pesar de la crisis económica y la tristeza generalizada (el 38% de los jóvenes se siente muy desesperanzado sobre su futuro), los millennials confían en que vendrán tiempos mejores y por ello siguen soñando con oportunidades para avanzar. Sin embargo, hay una gran diferencia entre el porcentaje de personas que aseguran querer irse del país en busca de un mejor futuro versus el porcentaje que se queda acomodado en España en paro o sin hacer nada. 

Aparte de las razones que tantas veces hemos escuchado como la persecución de salarios más altos o la búsqueda de mejores oportunidades, ¿qué es realmente lo que motiva a este colectivo a querer emigrar? Ante la imposibilidad de dar el salto e independizarse en la misma ciudad donde residen sus familias, ir a trabajar al extranjero suena altamente apetecible. Podríamos decir que es una excusa que les da alas para poder dar un paso más en sus vidas, en sus caminos. Además, ven esta experiencia como una manera divertida de desarrollar su potencial y crecer tanto personal como profesionalmente. Buscan salir de su zona de confort y descubrir una nueva cultura, un nuevo idioma. En definitiva, buscan satisfacer su necesidad de alimentar su curiosidad y saciar su hambre por aprender. Los millennials son una generación exigente y muy bien preparada; creen que pueden cambiar el mundo y por ello la idea tradicional de trabajar a cambio de pagar sus gastos no les llena. Hacerse un hueco en una ciudad extranjera, con todos los estímulos que conlleva ayuda a cubrir sus necesidades. 

Por otro lado, lanzarse a la piscina no es para todo el mundo. Requiere valentía, mucha motivación y algo de dinero ahorrado. Los jóvenes que terminan encontrando una salida y terminan yéndose demuestran cierta proactividad, paciencia y persistencia. Además, las estancias en el extranjero, conociendo mercados internacionales y adaptándose a nuevas situaciones aumentan las probabilidades de encontrar trabajo a la vuelta, ya que les diferencia del resto. Según la startup GrowPro Experience, los jóvenes españoles buscan experiencias temporales de máximo dos años. Lo cual demuestra que los millennials tienen sed de conocer pero con fecha límite, ya que sienten que como en casa no se está en ningún sitio. Puede que esto último sea lo que eche para atrás a todos esos jóvenes que aseguran que les encantaría encontrar oportunidades fuera del país, pero que, sin embargo, se quedan a medio camino. Es aterrador pensar que la tasa media actual de paro juvenil en España es del 40,13%, pero mucho más aterrador es ver cómo hay cada vez más “ni-nis” a consecuencia de la pandemia, ya que muchos jóvenes acaban sus estudios sin encontrar trabajo mientras que el número de despidos aumenta.

No hay creatividad sin escucha

En las sesiones de formación, que hacemos con jóvenes y profesionales senior para desarrollar la creatividad, la creencia suele ser que el principio de un proceso de creación es un brainstorming, ponerse a idear. Pero, ¿con qué creamos? A veces olvidamos que creamos con la ”mochila” que tenemos: las conversaciones que hemos tenido, los libros que hemos leído, los lugares a los que hemos viajado, lo que hemos observado por la calle o en el supermercado… Igual que nuestros primeros antepasados creaban con lo que sentían en la naturaleza, lo que habían observado en sus salidas de caza, los ruidos que percibían de animales, que luego plasmaban en sus pinturas en las cuevas. A veces olvidamos que como esos prehistóricos creamos porque somos exploradores. Siempre la creación es posterior a la exploración. Cuanta más rica sea esta, más rica será la primera. Y explorar no deja de ser escuchar.

No nacemos teniendo todas las ideas en nuestra cabeza, nos convertimos en creadores porque aprendemos a escuchar. No puede existir el ingenio sin escucha. Ser permeables a la realidad, conectar con el mundo, nos hace mejorar nuestro potencial creativo. Descubrir nuevas visiones cambia nuestra mirada, y eso a veces da miedo, pero nos sorprende, nos agita, nos abre nuevos mundos de posibilidades que no nos planteábamos, y esto impulsa nuestra imaginación.

La complejidad de escuchar en el mundo en el que vivimos es que requiere un tiempo lento, dilatar el proceso, y eso choca con la inmediatez y una cantidad que nos venden continuamente, una rapidez atropellada que haciendo imposible la escucha, hace también inviable una creación profunda y con sentido. Solemos sentir, en sesiones donde guiamos proyectos creativos en equipo, que esta fase genera incertidumbre y se quiere pasar rápidamente a la siguiente, como si hubiera que ganar una carrera de 100 metros, como Alicia en el País de las Maravillas corriendo sin saber a dónde. Desde Dynamis les enseñamos en este trayecto que escuchar es vivir la incertidumbre como algo apasionante, donde estamos descubriendo lugares desconocidos, donde nos sumergimos para detectar un gran para qué, que de sentido a nuestro movimiento.

Otra barrera es que nos creamos “películas” en nuestra cabeza que explican cómo funciona el mundo, nos aferramos a ellas y no escuchamos, sino que oímos mientras tenemos en mente nuestra respuesta, el final de la historia. Nos condicionan nuestras creencias y prejuicios. Nuestro papel en las formaciones y mentorías es muchas veces liberar de estas ideas preconcebidas para lograr una escucha abierta y consciente. Si sabemos escuchar, hay señales en cualquier rincón, incluso en los gestos, los silencios, las emociones… Escuchar es un desafío, pero solo así podemos abrir la verdadera creatividad.

Dar y recibir

Dar y recibir, dos caras de la misma moneda. En estos tiempos donde la proactividad está tan sobrevalorada, sorprende que alguien pida ayuda para pensar. La proactividad implica llevar la iniciativa y en muchas situaciones, esta iniciativa, se orienta a demostrar lo que sabemos; en más de una ocasión sin saber qué va primero si la necesidad de las personas receptoras de la iniciativa o la de quien la ejerce para ver satisfecha su necesidad de acción.

Por diferente, ponemos en valor la apuesta que la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) está llevado a cabo para mejorar los servicios de prácticas. Son momentos para dar una vuelta a lo que venimos haciendo y cuestionarse si se puede hacer de otra manera.

Con esta intención, la UFV ha pedido ayuda a diferentes profesionales de la universidad y de la empresa montando paneles de expertxs conjuntos donde pensar colectivamente e idear un servicio que potencie las sinergias entre las empresas y lxs universitarixs en prácticas.

Queremos resaltar la expresión, pedir ayuda. Lo de ofrecernos para darla se nos da bastante bien sobre todo si es para dar voz a nuestras ideas, lo de tener la apertura para recibirla ya es más rareza. A este combinado de dar y recibir ayuda, lo llamamos en Dynamis el impulsor generosidad; compartir ideas, conocimiento, trabajo, etc. con compromiso y pedir ayuda cuando se necesita agradeciendo los apoyos recibidos.

Cuando la UFV nos invitó a participar en uno de los paneles, no dudamos en decir sí. Era una ocasión de compartir nuestra experiencia con jóvenes y empresa, una vez más, el foco en lo que yo puedo aportar. Por contraste, las personas de la UFV que lideraban esta iniciativa mostraron una apertura infinita a escuchar lo que diferentes personas expertas expresaban. No solo nos escucharon a nosotrxs, nos presentaron previamente un mapa de empatía de todas las personas implicadas en las prácticas universitarias que indicaba una alta escucha. ¿Llamaríamos a esta escucha generosidad? Lo es, para saber dar hay que saber recibir también.

En breve descubriremos los resultados de su trabajo. No dudo de que será una propuesta valiosa y sostenible. ¿Qué va primero dar o recibir? En la acción de la UFV está claro, primero recibir para poder dar después.

¿Cómo atraer a los millenials?

Existen muchas discrepancias y opiniones diferentes acerca de esta generación, población nacida entre los 80 y el 2000. Hay un salto, y un cambio cultural respecto a las generaciones anteriores, principalmente fruto de la revolución tecnológica. Son personas que han crecido conectados a las nuevas tecnologías y a un mundo mucho más globalizado.

A lo largo de los años el mundo empresarial ha evolucionado. Gracias a diferentes estudios e investigaciones observamos y descubrimos nuevas dinámicas de trabajo y adoptamos filosofías y éticas alternativas. Nos hemos dado cuenta de que no existen dicotomías perfectas, es decir, las decisiones en la oficina no son de tipo A o B sino que debemos leer el entorno, a los empleados, el ambiente… Esto mismo ocurre con esta nueva generación. Efectivamente, fruto de la educación y el momento histórico en el que han crecido, tienen ideas, aspiraciones y motivaciones diferentes. Debido a la línea temporal, los millenials son el futuro, son los siguientes en hacerse con el mercado laboral. Por este motivo debemos tratar de entender cuáles son sus inquietudes para conseguir una armonización y adaptación más sencilla entre las diferentes generaciones.

A consecuencia de la importancia y peso que contrae la tecnología en la sociedad, los millenials, por ahora jóvenes, buscan empresas que utilicen tecnología avanzada. Es más, el hecho de utilizar programas anticuados les puede causar cierta frustración. Por otro lado, existe una tendencia general de querer descubrir mundo, estando dispuestos a trasladarse de país. Es una generación ambiciosa y curiosa, no les vale saber sobre un único tema, sino que les gusta probar, experimentar, aprender de la experiencia de empleados más veteranos. Han realizado trabajos en grupo desde pequeños por lo que se sienten más cómodos en un ambiente participativo, donde sientan el respaldo y formación de un equipo.

Como empresa, es importante mantener la ilusión y las ganas de sus empleados a flote, aunque se debe tener en cuenta que no todos ellos tienen los mismos objetivos. Sin embargo, se trata de crear conexiones entre los trabajadores, intentar que se sientan cómodos y evitar que ir a la oficina no se convierta en una tortura. En ningún momento debemos subestimar la importancia de los encuentros sociales internos, los programas de mentoring y de formación que ayuden a crecer personal y profesionalmente a los integrantes de la empresa.

¡Es por los jóvenes!

Durante el último año, hemos escuchado continuamente esta frase en boca de ciertas personas, aludiendo a que gran parte de lo que está pasando es por culpa de los comportamientos irresponsables de los jóvenes. Y nos preguntamos: ¿qué jóvenes? Sin duda habrá. Pero las experiencias que vivimos cada año al lado del talento joven, en los proyectos que lideramos, nos demuestran que sí, que es por los jóvenes. Es por su culpa que nos ilusionamos y que sabemos que el futuro está en grandes manos.

La última experiencia que hemos creado, Human Up Torrelodones, junto con este Ayuntamiento, nos ha seguido mostrando el poder de dar voz a los jóvenes, en lugar de dictar sentencia hablando de lo que son. Un proyecto donde primero hemos formado a un grupo de jóvenes del municipio, ayudándoles a conocer cuáles son sus talentos, desarrollar actitudes y habilidades como la proactividad, la comunicación, el liderazgo y su mentalidad innovadora. Tras ello, ya estamos empezando una nueva etapa en la que van a ayudar a resolver retos de pequeños negocios de Torrelodones que necesitan transformarse, creando soluciones innovadoras para los comercios, mientras aprenden en real. De esta forma, se convierten en agentes de cambio de sus comunidades.

Con este proyecto seguimos aprendiendo la importancia de que si queremos que los jóvenes sean un pilar de cambio, es necesario invertir en su desarrollo, empoderándoles, dándoles herramientas y ayudándoles a encontrar el sentido de su camino. Hay que hacerlo además, de manera profunda y humanística, haciendo que exploren lo que tienen dentro, sus valores y sus porqués, potenciándoles primero como personas. Porque está fantástico introducir impresoras 3D y ordenadores en las bibliotecas, pero nada tendrá sentido si no descubren antes quiénes son y para qué quieren crear.

Además, se implicarán en sus comunidades si ven que su voz es escuchada, que pueden expresar sus inquietudes y mostrar sus soluciones. Si sienten que se les aparta de la toma de decisiones, luego es difícil acudir para pedirles. Sin embargo, si les das un pequeño altavoz, lo multiplican por mil, y se convierten en grandes activistas de mejoras en su entorno. Mejoras que jamás se podrán ver de forma amplia sin su punto de vista, pues son poseedores de una gran perspectiva, y solo teniendo acceso a la visión completa, podremos crear soluciones poderosas, que de verdad transformen.

Los jóvenes están deseando poner su talento a disposición de la sociedad. Pero encuentran muchas dificultades para ello. Están en un momento muy complicado, ahora todavía más con la pandemia, en el que sienten mucha incertidumbre y necesitan una mano que les guíe en el camino. Y que esa mano, después les dé un altavoz para expresar sin miedo y reinventar sus entornos. No podemos volver a perder talento joven como en otras crisis, porque es necesario para impulsar al país y porque se lo merecen. Tenemos en nuestra mano hoy dejar que su talento brille y tenga impacto.

Nuestro granito de arena para esta causa es el proyecto Human Up Ayuntamientos, que estamos promoviendo por diversos municipios, y deseando seguir sumando para que todos los rincones de España puedan dar alas a sus jóvenes y hacer que su voz genere cambios. Descubre más sobre el impacto de esta experiencia en el artículo de la página 40 y 41 de la revista del Ayuntamiento de Torrelodones del mes de enero: https://www.torrelodones.es/comunicacion/revista

Echamos de menos los pinchos de tortilla

El aprendizaje contante es garantía de vitalidad desde la perspectiva del bienestar. Piensa el tiempo que dedicabas en tu infancia a explorar el mundo e incorporar nuevas habilidades y saberes; un niñx quieto durante mucho tiempo puede levantar las alarmas de un posible problema o enfermedad.

En las personas adultas, el pragmatismo nos lleva a ver el aprendizaje constante como garantía de empleabilidad. La probabilidad de quedarse obsoletos no solo es cada vez mayor sino cada vez más rápida.

Si el aprendizaje constante no tiene cuestionamiento en el momento actual, si lo tienen las formas de aprender. ¿Cuáles han sido los resultados de la formación en 2020?, ¿cuánta formación ha tenido que ser aplazada por la pandemia?, ¿cuáles son los niveles de satisfacción de la formación en entorno virtual?, ¿cuál es el pronóstico para el 2021 y en adelante? En el encuentro anual de formadores internos de la empresa Cellnex se pusieron sobre la mesa estas cuestiones y muchos datos.

Paradójicamente, los resultados objetivos de Cellnex nos dicen que la formación ha tenido muy buenos resultados, e incluso, algunos indicadores como la satisfacción han subido, pero se “echan de menos los pinchos de tortilla”.

La expresión fue palmaria cuando uno de los formadores la compartió y numerosas personas la secundaron. Que la formación que tradicionalmente se ha impartido en las empresas es más que transmisión de conocimientos y entrenamiento, ya lo sabíamos. De lo que no éramos tan conscientes es de que los descansos, las comidas, las dinámicas grupales… que en muchas ocasiones las vivimos como un mal necesario para “tomar aire”, son momentos de socialización espontanea para ponerse cara, compartir experiencias, conectar información, etc. y ahora tienen un valor explícito.

El aprendizaje constante es un impulsor que nos lleva a explorar con apertura cualquier experiencia para adquirir nuevos conocimientos y habilidades. El despliegue de los planes de formación en el ejercicio pasado ha sido todo un reto para muchas organizaciones, y como en el caso de Cellnex, se reaccionó muy rápido migrándolo al entorno virtual y se pudo completar con éxito. Pero tenemos que preguntarnos si tal éxito es completo pensando en el futuro.

Nos hemos movido de entorno, de la formación presencial a la virtual, pero ¿hemos aprendido o simplemente hemos replicado el modelo en un escenario diferente? La formación presencial y la virtual tienen numerosas diferencias y las une el objetivo, cualificar. Ahora sabemos explícitamente que la gestión del conocimiento interno necesita los momentos “pincho de tortilla”. Si realmente queremos aprender de esta experiencia, hazte la pregunta ¿qué puedo hacer para que en la formación virtual también encontremos lo que hasta ahora nos daban los pinchos de tortilla?

¿Nos puede pasar algo más?

En medio de una pandemia histórica, llegó Filomena para complicarlo todo un poco más por estos lares. Se aventuraban también inundaciones que luego no fueron tales. Muchos dijeron haber avistado las naves de Star Wars sobre Alcorcón… Y en Dynamis, encontrábamos un hueco para la ilusión, por el comienzo de la octava edición de Factoría. El team building es uno de esos días especiales, más que nunca este año, en el que los participantes seleccionados, por fin, se ponían cara, olor, piel…

Pero no pudo ser: el nevadón afectó a las comunicaciones, hasta el punto de tener que retrasar día tan señalado… Hasta que no quisimos esperar más, y tomamos la madre de todas las decisiones en los últimos meses: hacerlo online, como tantas otras cosas que hemos hecho, con éxito, durante 2020 con esta metodología.

Y sí: fue diferente. No fue lo ideal. Somos seres sociales (la mayoría), y ningún virus, ni inclemencia meteorológica va a cambiar algo que está en la cultura de las sociedades humanas: el contacto físico, la integración de información multisensorial, que se pierde a través de una pantalla. Pero oigan: ni tan mal. Nos reímos como siempre, cumplimos el objetivo de crear una red de confianza, conocimos quién era Radioactive, Dela, o El Inventor. Nos animamos para el próximo encuentro.

Una vez más, fuimos conscientes de que la ilusión, las ganas de disfrutar de una experiencia, y de ser partícipe de ella, son mucho más importantes que las circunstancias. Soy el primero que huyo de los mensajes fáciles de las tazas de desayuno: “si quieres, puedes”. No: no es tan sencillo. La circunstancia también juega el partido, y negarla es engañarse a uno mismo. Pero el talante, la disposición del ser humano para afrontar la realidad con espíritu positivo, incluso estando triste, buscando la forma de aprender y disfrutar todo lo posible, realmente pueden marcar la diferencia entre la libertad y la dependencia. Les recomiendo Soul, la última película de Pixar.

La incertidumbre y las dificultades que vivimos, no son nuevas. “¿Nos puede pasar algo más?”, escuchas en la calle. Pues sí: pueden pasar muchísimas cosas más, muy malas, como un somerísimo análisis de la historia demuestra. También pueden pasar, y de hecho pasan cada día, cosas muy buenas, que nunca pasaron anteriormente, gracias en parte a los avances científicos y tecnológicos. Una vez más: la cuestión no es lo que va a ocurrir (no depende por completo de nosotros), sino lo que vamos a hacer (esto sí). No pasa nada por estar tristes, por quejarnos un poco, por sentarnos en el sofá bajo la mantita, a ver si escampa. Pero busquemos la forma de vivir el presente con espíritu de aprendizaje, queriendo estar bien de verdad con nosotros mismos y con la gente que nos rodea. Hagamos algo al respecto. Busquemos la forma de ilusionarnos con el futuro. Pidamos ayuda.