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Dime cómo ocupas tu tiempo y te diré quién eres

La gestión del propio tiempo puede generar productividad y satisfacción personal,  también lo contrario; puede ser una fuente de insatisfacción continua. Cada vez es más frecuente que los procesos de Personal Training tengan su origen en la insatisfacción que provoca la sensación de “no ser dueño de nuestro tiempo”, como si el tiempo fuera manejado por terceros.

Si preguntas a una persona dime cómo ocupas tu día a día, qué haces y cuánto tiempo dedicas a cada actividad, descubres inmediatamente quién es. Las personas que hacen un personal training para mejorar la gestión de su tiempo, lo primero que aprenden es que cada uno decide cómo invierte su tiempo más de lo que imagina. También, que existen una serie de ideas en formato de mandato, es decir, órdenes que obedecemos sin cuestionamiento, que condicionan significativamente la gestión de nuestro tiempo si vivimos “atrapados” en alguna de ellas.

  • ¡Complace! Di a todo y a todos que sí. Una persona prisionera de este mandato, dedicará la mayor parte de su tiempo en trabajar para las necesidades de otros y dejará las propias en último lugar, incluso algunas de ellas quedarán sin hacer…
  • ¡Sé fuerte! No se puede pedir ayuda. Este mandato hace que cuando la persona está sobrecargada de tareas evite comunicar su situación y solicitar apoyo pues actuar así sería mostrarse como una persona incapaz y débil.
  • ¡Apresúrate! No pienses, actúa. Este mandato no siempre provoca insatisfacción a corto plazo pues parece que la actividad desenfrenada indica un alto rendimiento. El problema surge cuando se toma conciencia de que se está agotado físicamente pero no se ha aportado ningún valor con tanta actividad.
  • ¡Sé perfecto! No se pueden cometer errores. La consecuencia de este mandato es que cualquier tarea se prolongará todo el tiempo disponible en aras de garantizar que todo esté controlado y no haya ningún error.
  • ¡Esfuérzate! Sólo tiene valor lo que implica un esfuerzo. No es fácil huir de este mandato, parece que los trabajos tienen que ser innovadores, únicos, etc. cuando hay tareas que requieren sencillez y su valor recae precisamente en esto.

¿Por qué son tan peligrosos estos mandatos? Porque están socialmente admitidos, incluso tienen muy “buena prensa”, pero son ¡imposibles de cumplir!