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Etiqueta: desarrollo

Lo que hago es vivir y lo que soy es vida

Uno de los primeros mensajes que escuché cuando entré en la universidad, y también uno de los últimos, hacía referencia al concepto de vocación. Durante el espacio de tiempo comprendido entre esos dos momentos estuve cinco años preguntándome cuál era mi vocación y la respuesta actual sigue siendo: no lo sé.

Así que voy a aprovechar este espacio para reflexionar sobre la idea de vocación. En un escáner rápido de mis recuerdos no tengo una clara constancia de haber pensado sobre mi vocación hasta que empecé la universidad. En mi infancia, declaraciones como “yo de mayor quiero ser” ya me resultaban complicadas. Durante mi adolescencia el dilema más cercano a la vocación fue el de elegir un itinerario académico: ciencias o letras. Y lo siguiente que recuerdo es bachillerato y un listado de carreras posibles junto a sus notas de corte. Con muy poca reflexión, información y experiencia vital me planté en una carrera universitaria en la que no encontré certezas sobre mi vocación. Y ahora, tras lo que yo considero un trabajo de reflexión e información significativo sigo sin tener certezas sobre ella.

Por otro lado, observo mi entorno y hablo con personas, mayoritariamente jóvenes como yo, que tampoco han definido su vocación y pienso “uff, no soy la única”. Como podéis interpretar no llevo muy bien no saber cuál es mi vocación. Una razón seguro que tiene que ver con mi vivencia de la incertidumbre, pero también creo que hay otra que tiene que ver con los mensajes sobre la vocación que llevo escuchando desde que empecé la universidad y la interpretación que he hecho sobre ellos: la vocación es sinónimo de plenitud vital e irremediablemente conduce al éxito profesional. Me he agarrado a esta definición como si fuera un axioma. Pienso que esto ha sido un error y una importante fuente de angustia.

Hace poco me plantearon la siguiente pregunta. Aviso: lee atentamente. ¿Qué pasaría si lo que eres fuera lo que has venido a hacer a este mundo? Mi respuesta inmediata fue: sentido. Es decir, si yo fuera lo que venido a hacer a este mundo lo que pasaría es que estaría llena de sentido. Sobre lo que soy y sobre lo que he venido a hacer a este mundo… me ha costado llegar a una conclusión, pero curiosamente sí tengo una respuesta, y quizás sea tan evidente, que por ello resulte una respuesta simple, pero para mí no lo es: lo que hago es vivir y lo que soy es vida. Y sobre mi vocación, ¿sabéis qué?, sigo sin saber cuál es y mi vida no ha dejado de tener sentido, aunque a veces mi cabeza llena de “no lo sé” me haya hecho creer que sí.

Memoria 2019. Un recorrido y un aprendizaje compartidos

En Dynamis tenemos una forma peculiar de entender la Memoria anual. La nuestra, no tiene un solo número: solo experiencias, aprendizajes e ideas para el futuro. Las personas, y también las empresas, necesitan conseguir unos resultados. Pero a veces olvidamos que los resultados pueden ir mucho más allá de los ingresos, los beneficios.

Las personas somos mucho más: somos lo que aprendemos, somos lo que sentimos, somos lo que hacemos. Estos también son importantísimos activos para el futuro, pues nos ayudan a elegir caminos y orientar estrategias. Nos permiten velar por la sostenibilidad nuestra y de nuestra entorno, en el medio y largo plazo.

Esperamos que os guste, os ponga sonrisa y tal vez, encienda alguna bombilla que ilumine vuestras ideas. Leer Memoria

Soñar la universidad

¿Cómo desearías que fuera la universidad? El siguiente texto nace de esa pregunta y la única pretensión que tiene es compartir la visión de algunos jóvenes junto a la mía, en forma de respuesta, de deseo, de ilusión… ¿Soñamos juntxs? ¡Empezamos!

En mi opinión la universidad debería ser un espacio dedicado a la investigación y al desarrollo de campos y materias. Un lugar donde acudan aquellas personas que encuentran en el descubrimiento del saber su verdadera vocación. Creando espacios alternativos para aquellos otros que, por su parte, solo buscan posicionarse en el mercado laboral ante una presión social constante” Miguel Lobelo, licenciado en Diseño Gráfico.

Tirando de este hilo, a mi me gustaría imaginarme un modelo significativamente menos competitivo en el que la presión social o la idea de posicionarse en el mercado laboral no interfiriesen en la búsqueda de nuestras pasiones. Un modelo donde haya espacio para las inquietudes de cada persona y fomente la integración de la diversidad.

También, como nos cuenta un estudiante anónimo de Enfermería: “la universidad será el lugar para despertar la conciencia del ser humano” Yo me sumo a este sueño y apelo al papel de los profesores para que nos agiten con responsabilidad en ese despertar. Que las aulas se conviertan en lugares vivos, estimulantes, expresivos…

Así Lucía Zaballa, estudiante de Medicina nos dice: “me gustaría que la universidad enseñe a pensar, enseñe a sacarse las castañas del fuego y te prepare para lo que venga después. Me gustaría pensar que es un lugar donde se fomente la motivación de aprendizaje, que la gente no acuda a clase por la asistencia, sino por las ganas de aprender”

Seguimos imaginando la universidad con Rubén Jordán, estudiante de Ciencias Políticas: “me ilusiona pensar en que, un día no muy lejano, la universidad sea un sitio donde se fomente y premie que un estudiante desarrolle un gran número de habilidades y proyectos. Me ilusiona pensar que la universidad será un lugar donde no solo se valorará memorizar y tirar, o calentar un asiento. Es posible que siendo así dejemos de pensar en coger nuestro título y olvidarnos, para pensar en quedarnos haciendo universidad”

¡Sin duda! Me gusta pensar en una universidad que no fuera valorada como un trámite que nos da la posesión de un título con el que presentarnos al mundo laboral diciendo: “¡tengo esto!”, para pensar en una universidad que nos acompañe en nuestro camino con más certezas sobre lo que somos y así quedarnos haciendo universidad después de la universidad.

Y termino, volviendo de nuevo al sueño de Lucía para descubrir su visión donde la enseñanza más importante de la universidad sea hacer hombres y mujeres con valores, ética, bondad y compasión. La universidad tiene que acercarnos un poco más a crear un mundo bueno.

 

El lenguaje que nos delata

Productividad, retorno de la inversión, KPI`s, rentabilidad, eficiencia, rotación… Estas palabras son cada vez más frecuentes en el área de RRHH, ahora llamada de Talento. Aunque atendiendo a su vocabulario, tal vez la antigua denominación sería más descriptiva de su misión.

Sería muy interesante hacer un estudio sobre qué tipo de lenguaje utilizan otras áreas de la organización. Podría darse el caso de descubrir que en el área de finanzas oyésemos palabras como: desarrollo, personas, competencias, potencial, medio plazo, atracción… Posiblemente,  esto nos llamaría la atención e incluso nos preguntaríamos, qué está pasando.

Curiosamente, lo que describimos en el primer párrafo no causa demasiada extrañeza; que en el área de personas se hable con jerga mercantil no genera ningún cuestionamiento. A nosotros sí nos llama la atención, tal vez porque nuestra memoria profesional de hace 20 años, nos permite contrastar los dos momentos y pone en evidencia que el vocabulario utilizado en ambos es significativamente diferente y algo tiene que decir.

¿Qué significado tiene que valoremos las políticas de gestión de personas con criterios casi exclusivamente económicos?, ¿dónde nos lleva esto? Tal vez nos podríamos ahorrar la palabra “personas”… volver al término recursos. Al fin y al cabo, con este lenguaje, lo que evidenciamos es que las personas cada vez son más recursos y menos personas.

Haciendo un pequeño salto de entorno, vayamos al ámbito universitario.

Hay numerosas demandas por parte de las empresas de reducir el gap existente entre en entorno universitario y el empresarial. Sin duda, la reducción de ese gap ayudaría a conseguir un retorno de la inversión mucho más rápido de los recursos destinados por la sociedad a la formación de los jóvenes, la adaptación al puesto también se alcanzaría de forma más acelerada, no habría déficits o excedentes para cubrir las posiciones profesionales, disciplinas académicas con poca representación en las empresas desaparecerían, etc.

Una vez más, la lógica económica que se convierte en la vara de medir universal obviando otras variables como el bienestar, el desarrollo social, la diversidad, etc. Las variables que humanizan y permiten desarrollar el talento que cada persona tiene.

¿No se trata de atraer y retener al talento? El lenguaje nos delata, la gestión de personas no puede vaciarse de humanidad para llenarse de términos mercantiles.  

Los talentos latentes, ¿dónde van?

Eduardo Serra, ex ministro de Defensa y actual Presidente de la Fundación Transforma España, me ha puesto sobre la pista de un informe realizado hace unos años por Transforma Talento, una iniciativa sin ánimo de lucro promovida desde la sociedad civil.

Solo el título del informe, ya me ha parecido muy sugerente: España hacia una sociedad y economía de los talentos realizados; una visión optimista pero contundente de la sociedad civil.

Me ha parecido apasionante el concepto de talento realizado. El informe parte de la base de que todos tenemos un talento, y que existe además una oportunidad fabulosa derivada de mezclar los talentos de cada uno, sean cuales sean. Pero un talento latente, ¿para qué? Y es latente aquel talento que el individuo no identifica, no desarrolla, o no ejecuta.

Los talentos, apunta el informe, solo aportan valor cuando “se realizan”, es decir, cuando son aprovechados al servicio de la persona que los tiene y de la sociedad en la que esta vive. Un talento no realizado es un sueño frustrado para la persona que lo tiene y una oportunidad perdida para la sociedad.

El informe plantea tres ópticas desde las que se debe realizar el talento:

  1. la realización personal, que permite que uno se sienta bien consigo mismo por lo que hace y logra y le hace dueño de su destino,
  2. la realización social, que convierte el talento individual en un bien para la sociedad, y convierte a quien lo tiene en un ciudadano responsable y activo,
  3. la realización profesional, que hace que los talentos creen riqueza individual y colectiva.

Me parece muy importante que no olvidemos esta triple óptica, necesaria para el crecimiento personal y de la sociedad en su conjunto.

Un talento que se realiza profesionalmente, pero que no se realiza personal o socialmente, es un talento, al que le falta realización. Y seguramente va a redundar en infelicidad y desconexión con el mundo.

Un talento que se realiza personalmente, pero que no aporta valor a la sociedad o no crea valor, también carece de realización completa, porque no somos islas. No tendríamos el mundo que tenemos, si  muchas personas no hubieran puesto su talento al servicio de la sociedad y de las empresas.

A lo largo de los últimos años, en Dynamis hemos conocido a tanta gente, tan talentosa, aquí, en España, que no ser optimistas sobre nuestro futuro sería realmente ridículo.

Pero sí hemos observado lo que dice este informe: muchas personas con un talento oculto, especialmente jóvenes, lo que impide su realización personal, y como consecuencia pone en peligro la felicidad. Y también ciertas resistencias a poner el talento al servicio de la realización social y profesional, aportando un valor global, que permita a una comunidad crecer, innovar y evolucionar a lo largo del tiempo.

El Boom Social ha estallado

Según el informe Qué sabe y piensa la gente sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible publicado por la OCDE hace menos de un año, solo entre el 28 y 45% de las personas han oído hablar alguna vez de los ODS. La realidad es que tres años después de que Naciones Unidas marcase en 2015 los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible a cumplir, la mayoría de la población aún no sabe cuál es el compromiso real ni quiénes y cómo debemos cumplirlo.

A pesar de ello, los medios de comunicación, las empresas y los gobiernos han ido, aunque lentamente, incorporando estos términos y cada vez es más común hablar de desarrollo sostenible o de impacto social. De hecho, según una conocida consultora estratégica, los datos muestran la importancia de esta nueva tendencia: la inversión Socialmente Responsable ha crecido un 26% anual desde 2010. Por un lado, el 80% de las empresas del Ibex han publicado compromisos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Por otro lado, las nuevas generaciones están cada vez más concienciadas con el impacto social.

Al teclear “Objetivos de Desarrollo Sostenible” en Google obtenemos 100 millones de resultados de búsqueda en menos de 1 segundo. El Boom Social ha estallado. Estamos presenciando una clara evolución en relación a los ODS en términos de colaboración y alianzas entre los diferentes sectores públicos, privados y académico: todos tenemos un rol en el cumplimento de esta agenda en común. De hecho, el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 17 se centra en la necesidad de crear alianzas entre los distintos actores sociales para lograr los 16 ODS precedentes.

A pesar de que cada vez son más las empresas vinculadas a temas de sostenibilidad y que conocen la Agenda 2030, es necesario que se identifiquen con ella y así puedan entender el papel que juegan y los beneficios no sólo sociales sino económicos que pueden obtener si conocen la agenda y la aplican de forma correcta. Para eso es importante que la ciudadanía conozca los ODS ya que somos todos trabajadores o usuarios de los servicios del sector privado.

 

 

A veces mirarse en otros espejos ayuda

Siempre he tenido presente una frase que de pequeña me han repetido hasta la saciedad: No  te fijes tanto en la mota del ojo ajeno como en la viga propia. Y con esta frase siempre presente cuando emito algún tipo de juicio, intento aprender. Y es que creo que, mirarse en el espejo de otros a veces nos ayuda a crecer y mejorar.

Ayer asistí sorprendida a un espectáculo deportivo donde el ambiente se fue caldeando a medida que avanzaba el tiempo en el marcador. Un partido donde los niños eran los protagonistas y donde vivimos un juego agresivo, sucio en algunos momentos y con una tensión que fue aumentando progresivamente.

Es verdad que llevo pocas horas de vuelo como asistente a este tipo de espectáculos, pero siempre había oído que se trataba de un deporte donde por regla general el respeto y los valores de la deportividad primaban. ¡Menuda sorpresa!

Aquello se fue caldeando hasta el punto de que la mayoría de los allí presentes, comenzamos a contagiarnos del “calor” que se respiraba sin ser conscientes de que entre todos contribuíamos a empeorar el ambiente.

Lo que vi y escuché me generó un movimiento interior tal, que en algunos momentos me costaba controlar y gestionar. Mis emociones a flor de piel hablaban de mí.

Al término del partido pensaba en el ejemplo que los mayores habíamos dado a los niños, que no solo estaban jugando, también se estaban “educando” en un contexto deportivo, donde por momentos, curiosamente, faltó la deportividad y a veces hasta el respeto.

Y es que, como decía al principio, cuando estamos dispuestos a mirar en otros espejos y nos vemos reflejados en ellos, a veces toca hacer un ejercicio de análisis para extraer lo bueno y malo que vemos en esa imagen proyectada. Podemos analizar en qué y cómo podríamos cambiar lo que no nos gusta y, tratar en definitiva, de ser un poco mejores evitando aquello que no educa, que no respeta, que puede llegar a dañar a otros. Y es que, no olvidemos que todos tenemos una responsabilidad con nosotros mismos si queremos ser mejores y también con aquellos que en un momento dado puedan llegar a mirarse en nuestros espejos.

¿Cómo saber si necesitas un coach?

Mucho se ha hablado sobre la enorme evolución del coaching como metodología de desarrollo personal en los últimos 10 años. ¿Moda? ¿Tendencia a largo plazo? Difícil de saber.

OPORTUNIDADES 

El coaching presenta algunas oportunidades interesantes, principalmente asociadas a la posibilidad de personalizar el proceso de desarrollo: trabajar a partir de las fortalezas y necesidades individuales, con un timing adaptado al individuo, con la posibilidad de realizar un continuo ajuste/evolución del proceso…

En este sentido, el coaching es una metodología muy atractiva, con más valor que acciones formativas más tradicionales, en grupo, cuya adaptación a cada individuo es imposible, pues todos tenemos necesidades de desarrollo diferentes, fortalezas distintas en las que asentar los procesos de mejora, y tiempos y estilos de aprendizaje diferentes.

Trabajar con un coach, cuando este es bueno, te da la posibilidad de enriquecer el observador que hay en ti, subjetivo y parcial. Incrementa las posibilidades de disponer de una percepción más completa de la realidad y ofrecerte nuevos paradigmas para interpretarla, que no tienen por qué ser mejores que los tuyos, pero sin duda, complementarán los tuyos y abrirán el abanico de alternativas de actuación.

Por lo tanto, sumergirse en un proceso de coaching, es una gran oportunidad para personas que necesitan ampliar el campo de observación, apoyarse en otros que le ayuden a profundizar en el conocimiento de sí mismos. Y necesitan, además, la intimidad que ofrece un proceso personalizado. El sosiego para desarrollar procesos de aprendizaje profundos y sostenibles.

AMENAZAS

En cambio, hay motivos también poderosos que deberían quizás invitarte a elegir una metodología diferente al coaching para poner en marcha un proceso de aprendizaje.

Antes hemos utilizado la palabra “sumergirse”, y la hemos utilizado con toda intención: el aprovechamiento de un proceso de coaching, solo es posible cuando la persona está dispuesta a comprometerse con ejercicios en algunos casos complejos en lo emocional, introspectivos, tal vez dolorosos… Lo superficial está reñido con el coaching efectivo, en nuestra experiencia.

Esto exige, además, un nivel de confianza muy alto en el coach, no en lo relativo a seguir sus recomendaciones (mal coach sería si se dedicara a hacer recomendaciones continuamente), pero sí en lo relativo a vivir sus preguntas y reflexiones como una oportunidad para buscar respuestas en nuevos lugares, y no como amenazas a la zona de confort. Si quien busca un coach, es un erizo, que rápidamente saca a pasear sus púas al verse amenazado, mejor sería que no perdiera el tiempo y el dinero.

En definitiva, somos muy fans de cualquier proceso de desarrollo personal, como el coaching, que nos ayuda a salir de nuestra zona de confort, conocer mejor nuestras fortalezas para afrontar nuestras áreas de mejora, a nuestro propio ritmo… Pero consideramos de vital importancia una alta disposición al aprendizaje por parte del participante, y una actitud de “no miedo” ante los descubrimientos que, seguramente, van a producirse.

¿Dónde estoy? ¿Dónde quiero estar?

Un proceso de desarrollo personal, creemos que ha de surgir de un análisis del gap entre “dónde estoy”/ “cómo estoy”, con respecto de “dónde quiero estar”/ “cómo quiero estar.

Esto implica, como punto de partida del proceso, que es necesario realizar un ejercicio profundo y a menudo complejo para identificar el ESTADO del coachee, haciendo que aflore su estado emocional, y que también su cerebro racional analice su momento y valore el nivel de satisfacción.

Hay una parte de este ejercicio de identificación que es introspectivo: el participante debe bucear en sus experiencias, en sus emociones…Aunque en general es un ejercicio que no tiene por qué ser complejo, hay personas a las que les puede generar dolor, al mirarse en el espejo y no verse como les gustaría verse…

Nuestra experiencia nos dice que, en muchas ocasiones, no es tanto verse peor de lo que querrían lo que genera dolor, sino la consciencia de las incoherencias que han hecho que el sujeto se haya alejado del camino que deseaba seguir para conseguir sus propósitos. 

Y por supuesto, también hay muchas ocasiones en que el ejercicio es atractivo para el coachee, ¡sobre todo por lo novedoso! Es impresionante la cantidad de personas que te dicen que nunca se habían parado a pensar en ellos: en lo que quieren, en cómo de lejos están de ello, en el camino para conseguirlo…

Naturalmente, este descubrimiento, que es esencial para iniciar un proceso de desarrollo personal, abre alternativas de actuación inexploradas y es frecuente que dé lugar a un estado emocional ilusionado, que estimule la proactividad.

Con frecuencia, es mucho más sencillo identificar “dónde quiero estar”, o “cómo quiero estar”, pues a ello sí se dedica de manera consciente o inconsciente mucho más tiempo.

Pero en este caso, es muy importante que el sujeto identifique indicadores que le ayuden a saber “cómo saber” que ha llegado al estado deseado: cuál sería el diálogo interior, las sensaciones, los retos conseguidos…

Una vez identificado el estado actual y el estado deseado, hay que identificar los caminos que llevan del uno al otro. Pero ya será en otro post.

 

Nace la generación VIVA en Factoría de Talento Adecco

Dynamis Consultores tiene un compromiso adquirido desde sus inicios con el talento joven, hace 3 años por esta época se lanzaba la primera edición de Factoría de Talento, proyecto para identificar talento jóven y formarlo en aptitudes para dar un gran salto al mundo laboral. Hoy, muy orgullosos anunciamos que junto a Factoría de Talento Adecco, lanzamos un nuevo proyecto dirigido a abarcar nuestra labor en la etapa posterior. Esta misión cobra “vida” bajo el nombre de: Asociación VIVA.

Factoría de Talento, es actualmente un proyecto patrocinado por Adecco, empresa que pronto se unió a la gran aventura de confiar en el talento joven. Cuando este programa nació fue porque nos dimos cuenta de que existía un gran “gap” entre la universidad y el mundo profesional, lo que se traducía en el que los estudiantes terminaban su etapa estudiantil perdidos y carentes de algunas aptitudes necesarias para abarcar la siguiente etapa. Así que, comenzamos a buscar e indagar y este año, a punto de comenzar la cuarta edición podemos decir que existen algunos factores clave que tienen en común los estudiantes con talento… entre ellos:

Pertenecen a asociaciones u organizaciones universitarias
Han tenido experiencias internacionales
Han participado en concursos, debates, política universitaria
Han hecho deporte a nivel (casi) o profesional
Tocan o aprendieron a tocar alguna clase de instrumento musical
En definitiva ¿qué tiene todo esto en común? Una experiencia universitaria y educativa muy rica, más allá de los estudios universitarios… que les han permitido formarse y aprender de situaciones diversas y diferentes al resto de estudiantes.

A raíz de esto, y hablando con algunos de los seleccionados para las diferentes ediciones de Factoría, muchos de ellos coincidían en que existe un paso previo, un salto también muy complejo, pero poco reflexionado, muy importante puesto que es el momento en el que muchos estudiantes deciden prácticamente su futuro profesional con escasa guía y orientación… Este es el salto del instituto a la universidad (o cualquier estudio superior).

Y precisamente ahí VIVA cobra sentido: VIVA nace para ser la mano que acompañe a los estudiantes en este salto desde la etapa pre-universitaria y hasta que acaben sus estudios para ayudarles a perseguir sus inquietudes y pasiones con un conocimiento pleno sobre todas las alternativas que tienen a su alcance, y sobre sí mismos.

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Y el sueño se hizo realidad

Hace muchos años en una céntrica zona de Madrid se gestaba un proyecto empresarial centrado en el talento joven. Una idea que dio vueltas por algunas cabezas y se mantuvo latente durante bastante tiempo hasta que un día, los astros confluyeron y el proyecto soñado vio la luz y empezó a dar sus primeros pasos hacia la realidad. “El futuro es joven”, rezaba el primer slogan.

Hoy, tres años después de su presentación oficial, Dynamis puede asegurar con mucha satisfacción que este proyecto soñado, Factoría de Talento Adecco, se ha convertido en un programa referente en la selección y desarrollo del talento joven. Un proyecto ideado por personas con mente joven y centrado en los jóvenes que quieran desarrollar sus competencias profesionales y sondear su espíritu emprendedor.

Hace unos días celebrábamos la clausura de la III edición con un acto lleno de emotividad, agradecimiento y unos proyectos ideados por los talents de esta III edición llenos de pragmatismo, realidad y carga social.

Fueron muchos los amigos y colaboradores que nos acompañaron en un día tan especial marcado por la suma de talento y que cerró con un broche de oro al recibir la actuación sorpresa de Paco Montalvo, el violinista más joven del siglo XXI en debutar en el Carnegie Hall de New York y candidato a seis grammys por su primer disco.

Con la resaca que nos dejó la suma de talentos y un ávido afán de superarnos y llegar a más jóvenes cada año, seguiremos dando pasos para conseguir que “el talento compartido, sea más”.                                                                        

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¿Cuándo y dónde empieza la gestión de los Recursos Humanos?

A menudo me hago esta pregunta, sobre todo ahora que tengo la oportunidad de relacionarme no sólo con el entorno empresarial, sino también con el universitario y el de colegios.

Hasta este momento no tenía ninguna duda. Daba por hecho que en las empresas debía gestionarse sí o sí el capital humano, el talento, los procesos, los procedimientos internos…en definitiva las personas, y trabajar así asuntos de base como son la definición de puestos, las competencias asociadas a ellos y establecer políticas de selección, formación evaluación y retribución, sin plantearme antes una necesidad más temprana.

Pero cuando a veces, delante de profesionales hechos y derechos, con cualidades técnicas inmejorables, tenemos que trabajar determinadas competencias que pueden parecer de «cajón», nos rasgamos las vestiduras. ¿Cómo es posible que un genio o una persona con talento no termine de brillar porque le faltan competencias como la capacidad de trabajar en equipo, la asertividad o la empatía?, ¿esto no puede evitarse o prevenirse?

Hoy creo que puedo aportar una respuesta a esta cuestión. Nadie nos enseña a trabajar estas habilidades hasta que llegamos al entorno empresarial y a veces, ni eso. Y mientras tanto, ¿este gap hasta mi inmersión en el mundo adulto quiere decir que mi vida como niño o como adolescente no requiere de la puesta en práctica de éstas y otras habilidades? Indudablemente no. Creo firmemente que desde que nacemos y hasta que nos morimos, aunque somos seres individuales, vivimos en sociedad y esto requiere idealmente de unos recursos que toda persona tiene o debería tener más o menos trabajados para convivir exitosamente con las personas que nos rodean. Pero como nadie nace sabiendo ( o casi nadie) es necesario que nos guíen y el camino debería empezar en los propios colegios. Allí tenemos nuestras primeras ocasiones para sentir empatía, para liderar proyectos, para ser asertivo, para reconocer nuestras fortalezas, nuestras debilidades. Y el camino continúa después en la universidad o en la formación profesional, donde indudablemente nos preparan con unos conocimientos en su mayoría técnicos, hacia el mundo profesional.

Pues bien, si queremos profesionales competentes, eficientes, preparados… debemos comenzar a guiar sus caminos desde bien temprano. Es necesario suscitar el interés, la inquietud por saber, la capacidad de automotivarse, de conocerse y de aprender a relacionarse con los otros y con el entorno en edades tempranas y consolidar en nuestra juventud, todo ese descubrimiento y aprendizaje para llegar a ser profesionales preparados que se reciclen y mejoren sus competencias con el paso del tiempo.

El camino es largo y la responsabilidad de todos…¿damos un primer paso?